miércoles, 1 de julio de 2009

Añoranza



Siempre me he preguntado la razón por la que el ser humano se recrea tanto en la añoranza de las décadas antes pasadas. Me explico. 
Estamos en el 2009; una persona que ronde los 45/50 años, es decir, que haya nacido a principio de los 60, suele ser seguidor fiel de series como "Cuéntame", "La Chica de Ayer" o escuchar emisoras del corte de Radio 80. ¿Por qué? Mucha gente cree que es porque revive la época de la juventud y se aleja de la actual, con sus achaques de salud, el sobrepeso, la caída del cabello, los problemas con los hijos, el paro, la hipoteca, el absurdo lenjuage de los sms o de los chat de internet, que nos hace sentir, o bien extranjeros, o bien analfabetos... 
No sé. Tal vez, pero yo tengo otra teoría que, sin oponerse a todo lo anterior, le da, quizás, un enfoque distinto.
No sé a ustedes. pero a mí, desde luego, cada vez que veo una de esas series que me transportan a esa época de mis veinte años, o escucho las canciones de los ochenta, o incluso veo los vídeo clips que nos maravillaban en esos años, se me llena el alma de ternura. No puedo por menos que pensar qué ingenuos éramos entonces y qué felices éramos con qué poco. Porque mira que, comparado con lo que materialmente disponemos hoy en día, antes no teníamos una mierda: un televisor con dos canales -luego llegaron tres más-, un vídeo. un cassette para oír música, el cine, la bolera y la disco. Algunos, no todos, el Walkman, y ya. 
Y éramos felices, carajo.
Hoy tienen de todo, tele con tdt y 34 canales, plataformas digitales de pago, tele por cable, PSP, Play3, la Wii, la Xbox, la Nintendo DS -todos con sus respectivos juegos, claro- internet, el portátil, el móvil de ultimísima generación, el DVD -tanto en versión doméstica como portátil-, el cine en casa, el MP3, el MP4 (seguro que algo se me olvida) y todo un mundo de artilugios electrónicos para entretenerse. Sin contar con cientos de sitios de ocio, centros comerciales, centros de esparcimiento... Y sin embargo, hoy son menos felices.
Yo pienso que la razón hay que buscarla en uno mismo. Antes éramos más ingenuos, nos sorprendía todo en la vida, nos embriagaba la propia vida. Sobre todo queríamos algo: sentir la vida. Hoy sólo quiere estar a la última en la técnica, y eso es tan breve, que apenas se publicita el aparatejo de turno, ya están casi fabricando su sustituto. No son felices porque no los dejan ser. Nos hemos convertido en una trituradora de novedades que cada vez necesita más "combustible" más amenudo. 
Y así no hay manera.
Por eso, igual que los buzos cuando suben a la superficie desde una gran profundidad hacen una parada en la cámara de descompresión para no sufrir daños, yo también hago o mismo y me meto en mi particular cámara de descompresión que es mi biblioteca, me rodeo de mis libros, oigo música ochentera, veo fotos de la época, me inyecto algo de ingenuidad en vena, y con las pilas cargadas de melancolía, salgo de nuevo a la sucia realidad de esta primera década del SXXI.

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