domingo, 16 de agosto de 2009

Del hierbahuerto y la fortuna.



Hoy me he dado cuenta de que, a pesar de todo lo que está ocurriendo en mi vida; la enfermedad que, día a día, va mermándome paulatínamente; de la nefasta situación económico laboral o laboral y económica, que aún no tengo claro si primero fue el huevo o la gallina; del más que incierto futuro, que se acerroja en vez de abrise, ante mí. Como digo, a pesar de todo ello, hoy me he dado cuenta de que soy un hombre muy afortunado. 
Cierto, jamás me he ganado nada que pase de los 90 euros en ningún juego, ni tampoco he ganado ningún sorteo de nada en mi vida, pero insisto en lo afortunado que soy, o por lo menos así es como me siento.
La razón es complicada de explicar. Como todo lo que atañe a los sentimientos y no a la razón, tratar de razonar sobre ello, aparte de ser una tarea ardua de por sí, se me antoja, ya de entrada, tiempo perdido. Los sentimientos hay que vivirlos. Si es posible, apasionadamente. Como si la vida se fuera a acabar en el día de hoy, porque tal vez sea así. Y si no lo es, siempre es mejor vivir con intensidad las cosas que acalambrado por la apatía.
Yo sé mucho de eso, de vivir acalambrado por el miedo, la apatía y el nihilismo vital. El leitmotiv de mi vida fue, durante muchos años, actuar como gregario ante lo establecido como políticamente correcto, ser alguien de "perfil bajo". Una de mis frases favoritas y que ponía como ejemplo a cada momento, era que el hierbahuerto era una planta de lo más humilde, pero que cuando la estrujabas o pisabas, su olor era tan intenso que no puedes dejar de percibirlo. El miedo a ser llevaba aparejado el miedo a sentir, de manera que el mismo cerco que acorralaba mi yo, acorralaba también a lo que yo podría sentir. Pero un día, si tienes suerte, descubres que el servilismo no tiene más recompensa que la de convertirte en sirviente y no en servicial, y ante ese panorama, lo mejor que se puede hacer es dar un giro de timón y coger un nuevo rumbo para reciclarte y recrearlo todo. Eso si tienes suerte.
Y yo -¿lo he dicho ya?- soy una persona muy afortunada.










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