viernes, 17 de septiembre de 2010

La nueva Europa.

La entelequia en que se ha convertido hoy en día lo que se creó como una unión de Estados, primero con una finalidad meramente económica para ir evolucionando hasta la utópica idea de una supra Nación de naciones, espacio común para todos sus ciudadanos,  y a la que se ha acabado llamando Comunidad Europea, ha logrado avergozar definitivamente a los que un día creímos que esa era una idea posible.
Los dirigentes políticos promotores de una Macro Europa unida, como si de un sólo Estado se tratase donde todos sus ciudadanos, por el mero hecho de serlo, gozarían de los mismos derechos y de libertad de movimiento en cualquiera de los estados miembros, eran muy diferentes de los que actualmente están al frente de ella. La crisis económica, el paro, el miedo como resultado de la manipulación de una realidad deprimente para conseguir el poder o para mantenerse en él, han logrado que el fétido aliento del racismo más indecente y el chovinismo más rancio recorra Europa como un fastasma del pasado redivivo.
Hoy, de los 27 Estados que componen la comunidad Europea, en 24 gobiernan partidos de corte conservador. De hecho, hasta en países tradicionalmente más progresistas en sus ideas y comportamientos sociales como Holanda o Suecia, los partidos de derechas y de ideología xenófoba y extremista han visto aumentada su  representación parlamentaria.
Hace 15 años, Le Pen, en Francia, consiguió que todos los partidos del espectro político se unieran frente a él porque consideraban una afrenta que alguien tan radical y xenófobo tuviera representación y proyección en el país que dio a luz la Declaración de los Derechos Humanos. Hoy en día cualquier partido supuestamente democrático propone "soluciones" al problema de la inmigración (ellos consideran un problema lo que debería ser un asunto a resolver), resumiendo en ésta todos los problemas del país,  que podrían encajar perfectamente en el ideario de Le Pen.
No voy a pecar de fariseo. A nadie le agrada la idea de que al lado de su casa  se instale un poblado gitano; a mí tampoco. Pero si nos hemos dotado de un marco legal europeo, con una Constitición Europea, lo menos que podemos hacer es respetarla. Y si esos gitanos son ciudadanos de un país de la Unión, nos guste o no, tienen el mismo derecho que cualquier otro ciudadano europeo. Pero también tienen las mismas obligaciones. Y si un ciudadano Inglés y payo no puede plantar una chabola en Hyde Park, un ciudadano rumano y gitano tampoco puede hacerlo en Francia.
Eso no quita para que las formas no hayan de respetarse. Francia tiene todo el derecho a legislar siempre que sus leyes no contradigan las Europeas. Y emitir un boletín de órdenes para la policía donde se les indicaba que tenían que levantar todos los campamentos gitano-rumanos de Francia para proceder a su expulsión es una orden que claramente se opone a la normativa Europea. Diferente es que la orden fuera que se levantaran los asentamientos que no contasen con permiso sin especificar etnia o procedencia de los componentes de los mismos.
 Pero claro, si la orden hubiese sido redactada así no hubiera levantado la polvareda política que levantó y Nicolás Zarkosy no hubiera podido venderse ante sus electores como el lider firme que arrodilló a Europa desafiándola con sus expulsiones en masa de gitanos. Un líder fuerte que acude a las ideas más extremistas para ganar a costa de los más débiles el rédito político perdido por su pésima gestión y su caracter altanero.

2 comentarios:

Jorge Muzam dijo...

Me he llegado a preguntar si acaso los gitanos no están en este mundo para servir de chivo expiatorio de cuanto gobierno exista.

Los golpes mediáticos se han transformado en la herramienta predilecta para desviar la atención de los problemas más urgentes y afianzar en el poder a los gobiernos mediocres.

"La ley pareja no es dura" decían nuestros abuelos, pero sabemos que la ley, por muy poética, humanitaria y justiciera que parezca en el papel, no se implementa con igualdad, dejando siempre su lado más cruel para escarmiento perenne de los de abajo, y su lado balsámico y protector para los de arriba.

Esta misma inoperancia injusta, de un poder del Estado que todos ayudamos a mantener con nuestros impuestos, es algo que caldea el ánimo y contribuye a avivar la hoguera del resentimiento.

Jesús Chamali dijo...

Los gitanos han venido a sustituir a los judíos como chivos expiatorios. ¿La razón? Bien sencilla: mientras los gitanos siguen manteniendo una tradición de pueblo aparte y apartado que ni busca ni acepta en muchos casos la "integración" por considerarla enajenante de sus costumbres y normas ancestrales, lo que les lleva a una marginalidad consentida por todos y de la que se aprovechan los gobiernos para tapar su pésima gestión, los judios han "evolucionado" hasta la creación de su propio Estado aprovechándose de viejos y nuevos sentimientos de culpa (en los que ellos son maestros)y han pasado de ser víctimas a ser verdugos de otro pueblo despojado de sus derechos y tierras.
Mientras los gitanos carecen de fuerza en la sociedad -lo que a ellos les ocurra sólo le importa a ellos- los judíos van apoyados por los grandes lobbys económicos y de poder situados especialmente en la gran banca y en los EEUU.
Una enorme diferencia.