sábado, 13 de noviembre de 2010

Jesús Lizano.


Hoy he leído unos versos de Jesús Lizano, poeta catalán que nació en la Barcelona de 1.931, cuando los tambores que anunciaban la llegada de la 2ª República empezaban a sonar.
Este poeta, de aspecto casi decimonónico, rebelde, anarquista, que lucha por cambiar la concepción de sociedad ocupada en la política por otra de una sociedad implicada en la poética, es uno de los pocos poetas capaces de atacar este sistema desde un arte impecable y  siempre con ese sentido del humor tan suyo, tan socarrón.
Lizano propone, desde su verso y desde su prosa, una revolución que acabe con el predominio de los mediocres, de los políticos engolados en sí mismos, mentirosos, rufianes (¡qué palabra más definitoria para un político!) y endogámicos.
Me ha costado decidirme por uno de sus poemas. Cualquiera de ellos es excelente. 

Mamíferos.
Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.
Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantoautores.
¿Cantoautores?
Yo veo mamíferos...
Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos...
académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.
Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras...
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.
Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.
Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas...
Yo veo mamíferos.
Jesús Lizano.

1 comentario:

Jorge Muzam dijo...

Me ha pasado igual que a tí, estimado amigo. Decidirse por un poema en desmedro de otros es difícil. Lizano nunca se cae y más bien da fuertes zancadas pisando cada una de nuestras cabezas. Todos quedamos zaheridos, empequeñecidos, arrojados ante un espejo que nos devuelve una imagen vergonzosa.
Qué potencia, que desmadre tan socavador del embuste social, cuánto humor corrosivo. Me alegra mucho que lo traigas a colación.

Un abrazo amigo