miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un mal año.


Hoy me encontré con un grupo de ejecutivos y directivos de una empresa financiera. Fue un encuentro casual. Desde que me tomé un tiempo sabático debido al dolor que me atenaza e impide moverme con la soltura de antaño y dejé de ser uno de sus proveedores de víctimas (ellos los llaman clientes), fui desterrado, educadamente, eso sí, de su entorno íntimo y poco a poco pasé a ser un mero vestigio de la época dorada de los créditos que se daban con la única condición de que el infeliz que firmara estuviera vivo.
Estaban reunidos compartiendo experiencias, anécdotas y café, y al verme pasar me llamaron para que me reuniera con ellos. Igual que el drogadicto se desengancha de su adicción con tiempo y voluntad, el tiempo que he pasado alejado de estos espécimenes pseudo humanos me ha permitido desengancharme de su dinámica y de sus valores.
Les escuché quejarse de que este año sus empresas habían suprimido sus bonos de productividad. Allí, el que menos ganaba por ese concepto, no bajaba de los 12.000.-€ anuales que se sumaban a sus 16 pagas mensuales de no menos de 2.500.-€ cada una. Así, el más infeliz de ellos no bajaba de los 40.000.-€ anuales, aunque casi todos superaban los 50.000 y alguno los 72.000.-€. En una época en la que simplemente el que mantiene un puesto de trabajo se puede considerar tan afortunado como el que gana una lotería, que a estos buitres les hayan reducido un poco sus ingresos y en vez de cambiar de coche cada año y de amante cada mes, hubieran de seguir con el mismo coche un año más y con la misma amante por lo menos dos o tres meses seguidos se les antojaba una injusticia.
¡Qué gran tragedia!
Apenas llegué a casa me puse a leer la prensa y la foto que corona esta entrada me golpeó en toda la cara.
Es una foto de El País. En ella, una mujer desnuda agoniza de cólera en la calle a pocos metros de un hospital. Ya no tenía ni fuerza ni ropas. No le quedaban ilusiones. No tenía familiares. Ni casa, dinero, trabajo...
Lo perdió todo en el terremoto de hace un año.
Ahora también perdió la vida; desnuda, sola y enferma, tirada en una acera y ante la indiferencia de los que pasaban por allí.  
Tanta muerte, tanta destrucción, tanta pobreza, acaba por hacerlos invisibles a ellos e insensibles a los demás.
Cuando acabe esta entrada, enviaré una copia de la misma a cada uno de los ejecutivos financieros que esta mañana estaban tan preocupados por su recorte de ingresos mientras tomaban café y hablaban de los regalos que iban a hacer en la ya cercana Navidad y de lo buena que estaba la amante actual.
Espero que sientan la misma repugnancia y el mismo asco al mirarse la cara en el espejo cuando se afeiten que la que yo he sentido al ver esta foto y recordar sus conversaciones.
Sé que muchos se enojarán conmigo y hasta alguno me retirará el saludo.
Eso que gano...

4 comentarios:

S&J Gestión Comercial dijo...

¿Crees de verdad que les tocará el oscuro velo de su alma?
Aunque suene manido amigo mio, ellos te han perdido , tu has ganado la claridad......

Jorge Muzam dijo...

Admirable amigo.

Sigamos enrostrando estas conductas vergonzosas.

Un fuerte abrazo.

Jesús Chamali dijo...

Verás Jorge, cada vez que recuerdo a esos sujetos quejarse de sus ingresos, vestidos con trajes caros, calzando zapatos de marca, con relojes y bolígrafos de lujo, morenos de rayos uva y bien tonificados, y veo la foto y escucho los relatos y las peticiones de ayuda de los cooperantes en Haití, se me revuelve el estómago.
En esos momentos entiendo la violencia de algunas revoluciones...

Lorena dijo...

Uno sospecha que este tipo actitudes de la gente que "está bien" pero tiendo a censurarme porque creo que es prejuicio mío... La corroboración a partir de tus palabras hace que se me anude el estómago... o bien el alma. Pero es parte de la vida, se comparte el mundo con gente así, son parte del circo o del zoo.
Me encanta leerte, un abrazo.