lunes, 31 de mayo de 2010

La lógica de la provocación.

Para comprender la mentalidad y los actos de Oriente medio hay que despojarse de la lógica occidental y sumergirse de lleno en una tradición milenaria de pactos, fobias y filias que han permanecido practicamente inalteradas desde que hay registros históricos sobre la zona; desde la época anterior a los relatos bíblicos, cuando la lucha por el territorio se hacía más por supervivencia vital que por política y se usaba a Dios, cada cual el suyo, como excusa y aliado en esas batallas cruentas que hoy serían tildadas de genocidas y de limpieza étnica.
Irán, Siria, Turquía, Israel, Jordania, Egipto, los EE.UU., Rusia,  y ahora Brasil, se han convertido en los actores principales  de esta tragedia. Algunos son los mismos personajes que llevan desde el principio de los tiempos matando y muriendo en esa zona, vengando y siendo objeto de venganzas, en un conflicto que siempre se ha tratado de solucionar con el criterio de otros, esencialmente con el de la potencia de turno, ya sea Roma, Persia, Francia, Inglaterra, la URSS o  los EEUU, pero jamás viendo la raíz del problema sino sus ramificaciones. Siempre intentando que los "salvajes esos" piensen como nosotros, los civilizados, y nunca poniéndonos nosotros en su lugar para ver qué ocurre de verdad.
Y así nunca se solucionará este grave problema.
Desde que se funda el estado de Israel en 1.948, éste se apoya en tres patas para sobrevivir: la fuerza del lobby judio en los EEUU, el sentimiento de culpa de Europa ante la tragedia del Holocausto y una política feroz de ataques contra todo lo que considerasen peligroso o una amenaza para ellos. Ironías de la vida: los que antes ganaron las simpatías del mundo ante su tragedia, hoy se hacen acreedores del odio y del rechazo internacional por su suicida actitud de prepotencia e impunidad ante las leyes internacionales y los acuerdos de la ONU.
Su última jugada puede que no le salga tan bien como esperan. Atacar a una flota de barcos que llevaba ayuda de ONGs a los palestinos de Gaza y de Cisjordania, objeto de la represión más cruel y feroz de Israel, que llega a utilizar tácticas de terrorismo de estado para someterlos, y hacer ese ataque en aguas internacionales, es un tremendo paso en falso que puede acarrearles terribles consecuencias para ellos y derribar la muy precaria estabilidad existente en la zona.
Claro que eso es lo que pueden estar buscando estos extremistas sionistas. Y los nomino así porque si los otros son extremistas islámicos (que lo son) los judios se han convertido en lo mismo pero de caracter sionista.
Actos absurdos que sólo se explica por la lógica demente de la provocación para volver a obtener el estatus de víctima de la barbarie árabe ante el amigo y aliado occidental (léase los EEUU), y si eso falla, siempre tendrán la excusa para usar su armamento nuclear, armamento del que nadie sabe ni su número ni su capacidad de destrucción. Sólo se sabe que disponen de él y que están tan dispuestos a utilizarlo como lo pueda estar Irán, Corea del Norte o Pakistán.
¡Qué gente más absurda y cruel! ¡Qué irresponsables, tanto ellos por llevar al mundo a esos extremos como nosotros por seguirles el juego a unos u otros!


lunes, 17 de mayo de 2010

Inoportunos

Cuando yo era pequeño, me decían que la televisión tenía tres funciones: informar, formar y entretener. Claro que en aquella época sólo había una televisión, la española, y punto. Luego llegaron las cadenas privadas, las plataformas digitales y ahora, la TDT, que digo yo si en vez de ser las iniciales de Televisión Digital Terrestre, significa mejor Tontos Del Todo.
He de decir que cuando 20 años atrás empezaron a aparecer nuevas cadenas, en mí crecía una enorme ilusión. ¡Por fin habría competencia entre ellas y eso haría que los programas fueran mejores!
¡Qué iluso! La calidad de los programas de televisión ha ido  en proporción inversa al número de cadenas; a más cadenas, menos calidad.
Lo de competencía sí se da, mira. Pero parece que compiten a ver quién hace el bodrio mayor. La mediocridad, y eso en el mejor de los casos, se ha instaurado como norma en sus programas. 
Lo cierto es que en estos momentos de crisis sistémica global, cadenas como cuatro o la sexta han considerado que es el momento oportuno para sacar programas como "¿Quién vive ahí?", "Casadas con Hollywood", o "Mujeres Ricas".
Es insultante.
Cuando la gente se siente cada vez más asfixiada por el día a día; cuando cada día crece el número de parados, y además, de hogares donde no trabaja nadie; cuando las noticias económicas y las perspectivas de futuro van de malas a peores; cuando Caritas y otras ONG´s se quedan sin recursos para atender las necesidades más básicas del creciente número de personas que cada día se acercan a pedirles comida; cuando las ejecuciones hipotecarias no paran de crecer; cuando a los funcionarios les reducen el sueldo y a los pensionistas les congelan las pensiones, estas dos cadenas emiten esos programas donde el lujo más insultante, el snobismo más estúpido y el agravio comparativo con el resto de la sociedad es tan evidente.
No se extrañen que la rección de los que no tienen ni para comer o que acaban de perder su casa sea de ira ante esta obscena exhibición de lujo y riquezas.
Es indignante e inmoral.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¡Ping, pong, fuera...!

El 28 de septiembre de 2008 sufrí un accidente doméstico; estaba fregando los suelos cuando al agacharme para rodar el cubo, algo crujió en mi espalda. Sentí un dolor quemante y todo lo que veía era un fogonazo tras otro en mis ojos mientras que me moría de fatigas. Una ambulancia me evacua a urgencias y una vez estabilizado, me remiten al médico de cabecera.
Mi doctora, atendiendo a lo que ponía en el informe de urgencia solicita que me observen en la unidad de raquis del Negrín. Tres meses más tarde, me llaman de esa unidad y me dicen que para que ellos me atiendan precisan que me valore un traumatólogo. Un mes después, me ve el traumatólogo, quien confirma el parecer de la doctora de urgencias y de la mía de cabecera y me manda, esta vez con todas las bendiciones a la citada unidad de raquis, la elite de los traumatólogos.
A todo esto ya había pasado cuatro meses y medio, yo no podía andar sin bastón, me caía y el dolor no me dejaba vivir.
Cuando me ve el especialista, un doctor muy amable en su trato, comprueba que el daño existe, que carezco prácticamente de reflejos y de fuerza en mi pierna izquierda y que  la derecha está algo limitada, Comprueba, además, que la pierna izquierda está más delgada ya que la derecha debido a que los músculos no trabajaban como era habitual. No obstante, para comprobar hasta donde llegaba el daño, solicitan que me hagan unas pruebas diagnósticas.
16 pruebas diagnósticas después, un preoperatorio efectuado, vencidos ya los seis meses de rigor de mi inclusión en la enorme lista de espera quirúrjica para operarme e implantarme unas placas y diez tornillitos en la columna, decenas de documentos, consentimientos y autorizaciones firmados, el 12 de mayo de 2010, 19 meses más tarde de aquel 28 de septiembre de 2008, el equipo de cirujanos de la mencionada unidad de raquis se reune para decirme que había un error en el diagnóstico, que ahora no recomiendan la intervención, que no saben qué me puede estar ocasionando el dolor y que, en cualquier caso, la solución no estaba en su especialidad. Que tal vez fuera neurológico, que lo mejor es que me atiendan en la unidad del dolor... En fin, que me despacharon con dos palmaditas en la espalda, un "lo sentimos mucho" y poco más. Cinco minutos -y todos de pie- les bastó para mandarme después de todo este tiempo y sufrimiento a la casilla de partida de nuevo.
Sólo mi doctor, el que me vio desde la primera vez, parecía sentir un verdadero pesar.
¿Y yo, mientras tanto, qué?
Pues sigo necesitando un bastón para andar, no pudiendo trabajar por el dolor, no pudiendo dormir por el dolor, no pudiendo andar con normalidad por el dolor, no pudiendo llevar una vida plena por el dolor y con la sensación de ser una pelota de ping-pong a la que todos golpean para echarla de su campo.