martes, 6 de julio de 2010

Sobre jefes, memeces y fracasados

Hace tiempo mantuve un pequeño debate con un jefe sobre el fracaso. Él insistía que a nuestras selecciones de personal acudían sobre todo gente inútil, gente fracasada; gente que no tenía – o así lo pensaban- más salidas profesionales.
¿Y tú- le pregunté-también te incluyes en entre esos fracasados?
No, claro que no. ¡Yo soy un profesional de este negocio, no como ellos o tú. Llevo veinticinco años en el mismo sector y en la misma calle…Me contestó sin rubor alguno.
La verdad es que traté de explicarle que el fracaso no existe para mí, que en realidad, es sólo un estado transitorio, un intento más para conseguir el éxito.
Traté de explicarle que el éxito es la consecuencia de un camino lleno de intentos fallidos a los que otros llaman fracasos y de la constancia y el trabajo preciso para llegar hasta él.
Intenté decirle que los fracasados son las personas que se asustan ante los retos y se regodean ante el miedo y, una vez caídos, carecen de la capacidad de ver más allá de su nariz contra el suelo, pero no de la capacidad de reponerse; sólo que su miedo a volver a caer les impide levantarse.
Intente explicarle que la persona de éxito sólo es la que cada día se levanta a pesar de la caída del día anterior o del cielo nublado que ve por la ventana y hace justo lo que sabe que tiene que hacer aunque no tenga garantía de que vaya a salirle bien. Y si le sale mal, lo vuelve a intentar mañana de nuevo o piensa de qué manera lo puede mejorar para que salga bien, pero no se queda llorando por la leche que se derramó o temblando de miedo por la sombra que ve en el pasillo.
Intenté explicarle eso y dialogar con él, pero… ¿cómo se entabla un diálogo con alguien que se cree en posesión de la verdad absoluta, que piensa que es superior porque su nómina tiene más ceros que la mía y que desprecia a todos los que no  están a “su nivel”…o a lo que él cree no ser su nivel?
Así que puse el piloto automático y desconecté mi mente para dejar de oír tanta memez.