lunes, 27 de septiembre de 2010

27 de septiembre de 1975, 54 días antes.

Juan Paredes Manot, Ángel Otaegui, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y José Humberto Baena Alonso. Estos cinco nombres tienen entre sí una triste cosa en común: fueron los últimos fusilados por la dictadura del General Franco, el 27 de septiembre de 1975, hace ahora 35 años.
Franco agonizaba y su régimen con él. Sin embargo, los jefes de la dictadura, más franquistas que el propio Franco, quien por esa época era un anciano enfermo y débil, ni querían ni podían ceder ante las demandas de libertad ni se podían permitir el lujo de que dentro y fuera de España se creyera que esa debilidad del dictador se contagiara al régimen, así que precisaban de manera urgente un golpe de efecto, un escarmiento que diera a entender que aquí se mantenía todo igual y que, en cualquier caso, el que se atreviera a moverse fuera de la foto oficial, iba a ser castigado con rigor. Y cómo. Y nada calma más ni es más ejemplarizante que una condena a muerte. O cinco.
¿Pero quiénes eran los condenados? ¿De qué fueron acusados? ¿Cuál era su historia?
Veámosla.
José Humberto Baena Alonso era un joven de 25 años nacido en Vigo. Su pecado “original”, aquél que lo llevó a estar fichado por la policía política del régimen, fue que durante el primer curso de carrera - estudiaba Filosofía y Letras- fue detenido, juzgado y expedientado por participar en unas manifestaciones estudiantiles en Santiago de Compostela. Eso le llevó a ser un “sospechoso habitual”, lo que conllevaba que la policía le denegara el certificado de buena conducta que se exigía por entonces para obtener un trabajo. Tampoco podía tener pasaporte, ni carnet de conducir. Se afilió al Partido Comunista de España durante su permanencia en el servicio militar obligatorio, que tuvo que cumplir en un batallón de castigo debido a su pasado político y vigilado de cerca por el Servicio de Información Militar.
¿Su gran error? Enviar una corona de de flores y publicar una esquela en la prensa para un trabajador que resultó muerto por un “disparo al aire” de un policía de paisano en la manifestación del 1º de mayo de 1974. Cuando al día siguiente la policía empieza a buscar y a detener a los que hicieron la colecta para pagar la corona y la esquela, y ante el recuerdo de la “hospitalidad” de las comisarías y cárceles franquistas, decide huir a Portugal.
Es detenido en junio de 1975 acusado de matar a un policía en Madrid. El tribunal se negó a tener en cuenta un testimonio que declaró que no se parecía en nada al autor del atentado y fue condenado a muerte.
El Estado necesitaba dar ejemplo.
Ramón García Sanz y José Luis Sánchez Bravo de 27 años y soldador de profesión el primero, y de 22 años y estudiante universitario el segundo, son detenidos y juzgados junto a otros tres militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) de corte comunista, por el asesinato del teniente de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, Antonio Pose Rodríguez. Tres vieron conmutadas la pena de muerte por la de 30 años de prisión y ellos dos fueron ejecutados. Silvia Carretero, esposa de José Luis Sánchez Bravo, también fue detenida y sólo se salvó por estar embarazada y porque el médico de guardia de la cárcel de Yeserías, en Madrid, donde estuvo presa sin fecha de juicio, certificó que corría peligro de aborto y esto le permitió salir en libertad provisional y huir a Francia.
¿Qué pruebas de cargo presentaron los fiscales militares? Sólo las confesiones de los detenidos. Ante eso, conviene recordar las declaraciones de Silvia sobre el trato recibido por su marido: "Fue torturado con electrodos en los testículos, ahogamiento en aguas fecales y golpes con toallas mojadas, y estuvo orinando sangre hasta que lo mataron" No olvidemos que la Guardia Civil era y es un cuerpo militar y en aquella época además estaba investido de una casi absoluta impunidad.
Hacía falta un escarmiento, para ello hacía falta una confesión, y la obtuvieron. El cómo era lo de menos.
Juan Paredes Manot, Txiki,  en septiembre de 1975 tenía 19 años y militaba en ETA, político-militar. Como muchos militantes de ETA, Txiki, como era conocido, no nació en el País Vasco sino en Extremadura. De hecho, no pisa el País Vasco hasta los 10 años de edad. En 1972 se afilia en Batasuna, partido de izquierda radical independentista y un año más tarde se integra en la banda terrorista ETA. Es en 1974 cuando sirve de apoyo a un comando que planificaba un atentado contra un cuñado del que sería posteriormente Juan Carlos I, y ante el alto de la Guardia Civil, se enfrenta con ella huyendo a Francia, por lo que es puesto en busca y captura por robo de coches. Por esa época es cuando aprende los rudimentos del euskera, ya que hasta entonces sólo se podía comunicar con sus compañeros de armas en castellano, la lengua del “opresor” y eso era inadmisible en un gudari. Comienza a hacer pequeñas acciones armadas con la banda y en mayo del 75 pasa a Cataluña junto a Iñaki Pérez Beotegui alias Willson, el 30 de julio son detenidos ambos. La prensa publicó la noticia como la detención de dos delincuentes comunes, "Lele" y "Pirómano". Paredes Manot permanece cinco días en la Comisaría Central de Barcelona recibiendo diversas torturas en los interrogatorios que le realizan. Al quinto día ingresa en prisión en la cárcel Modelo.
En agosto se le comunica a Txiki el auto de procesamiento  en el que está imputado por diversas acciones en unión de otras personas. En septiembre la autoridad castrense desglosa la causa  abriendo una nueva en la que es imputado únicamente Juan Paredes Manot, en la cual se pide pena de muerte en juicio sumarísimo.
Los abogados sólo disponen de cuatro horas para estudiar la causa, preparar la defensa  y presentar el escrito de conclusiones provisionales.
Había que obtener una condena y esa era la manera más sencilla y directa de obtenerla.
Ángel Otaegui Etxeberria era el mayor de los cinco fusilados con 33 años. Militante de ETA con solera, intervino en varios atentados, siendo juzgado por el que concluyó con la muerte de cabo primero de la Guardia Civil, Gregorio Posadas Zurrón.
La sangre se lavaba con sangre en aquellos años y la Ley que funcionaba en España era la del ojo por ojo.
León Herrera y Esteban, ministro de Información y Turismo por aquel entonces, anunció que sería al amanecer del día siguiente, el 27 de septiembre de 1975, cuando se ejecutarían las cinco penas de muerte.
Masivas movilizaciones se sucedieron en todo el Estado español para protestar por las  condenas y exigir su abolición. También en Europa el rechazo de las mismas fue muy importante. En Lisboa asaltaron la embajada española; en Estocolmo se celebraron numerosas concentraciones con Olof Palme, primer ministro sueco, a la cabeza; en Oslo, al frente de las manifestaciones se puso el presidente noruego, Uro Kekonen… Incluso el papa Pablo VI solicitó clemencia para los condenados. Sin embargo, de nada sirvieron las movilizaciones.
A Juan Paredes Manot “Txiki”, preso en la prisión Modelo de Barcelona, lo fusilaron junto al cementerio de Collserolla, en las afueras de la ciudad. Ángel Otaegi, fue fusilado a las nueve menos veinte de la mañana, en la prisión de Burgos. Los otros tres fueron fusilados en Hoyo de Manzanares, Madrid. José Luís Sánchez Bravo murió a las nueve y media; Ramón García Sanz, a las nueve y diez, y José Humberto Baena Alonso, a las diez y cinco.




Francisco Franco murió cincuenta y cuatro días después.








lunes, 20 de septiembre de 2010

Marruecos: El lejano Poniente o la Tierra de Dios.

Hoy día 20 de septiembre de 2010 está previsto que se reúnan en Nueva York el presidente de España (que tal como pintan las cosas, deberíamos decir de las Españas, como en la época de Carlos III) y el Rey de Marruecos Mohamed VI. Como trasfondo, los recientes -y reiterados ya- encontronazos en la política exterior de ambos países debido a Ceuta y Melilla.
Sería conveniente hacer algo de historia. Irnos un poco hacia atrás en el tiempo para coger perspectiva que nos permita una visión más panorámica, menos focalizada del asunto y así poder tener un criterio más a la hora de poder crearnos una opinión sobre el mismo.
El Marruecos actual, como reino unificado, se debe al Mulay Muhamad al-Rashid bin Sharif, hijo del fundador de la dinastía Alauita, quien en 1670 se apodera más o menos de lo que hoy es el actual Marruecos. Aunque su autoridad efectiva se reducía a un tercio del país, quedando los otros dos tercios en manos de tribus nómadas o no sometidas a su poderío.
Algunos de sus sucesores abrieron Marruecos al comercio con occidente, sin embargo, el  Muley Abd el-Aziz Ibn el-Hassán quien reinó al final del SXIX y principios del XX, marcó la decadencia de la dinastía por su mala administración y por permitir que Marruecos se convirtiera en campo de batalla entre las aspiraciones imperialistas de las grandes potencias de la época, pasando por obra y gracia del tratado de Fez a ser protectorado francés  y español en 1912.
 Y aunque en teoría eso no le convertía en colonia, en la práctica ese fue el resultado real del tratado. La coalición Franco-española sofocó las revueltas con extrema dureza, llegando a usar armas químicas durante el desembarco de Alhucemas, incluso contra la población civil.
Es entre 1956 y 1961 cuando se produce el proceso de descolonización de Maruecos por parte de Francia y España, proclamándose el 3 de marzo de 1961 Hassan II Rey de Marruecos como soberano de un estado libre e independiente.
Sin embargo, los lazos de Marruecos con occidente no han sido siempre tan tormentosos. Marruecos fue uno de los primeros países en reconocer a los Estados Unidos como una nación independiente en el año 1777. El Tratado de Amistad Marroquí-americano es considerado como el más antiguo tratado no quebrado de los Estados Unidos. Firmado por John Adams y Thomas Jefferson, ha estado en continuo efecto desde 1783. De hecho, el consulado de Estados Unidos en Tánger es la primera propiedad que el gobierno norteamericano poseyó en el exterior. Quizás por esa razón, los actuales dirigentes no sienten especiales escrúpulos en colaborar activamente con la CIA y en cobrar un sustancioso estipendio de ella.
¿Pero qué pasa con Ceuta y Melilla?
Ceuta, después de siglos de azarosa vida y de pasar de mano en mano, el 21 de agosto de 1415, pasa voluntariamente a manos del rey de Portugal, y luego, tras la unión de Portugal y España y su posterior separación decide, de igual manera, seguir parteneciendo a la corona Española. Es decir, que 245 años antes de que existiera el primer y rudimentario reino de Marruecos, los habitantes de Ceuta ya habían decidido libremente a quién querían someterse.
Melilla, que era parte del Califato de Córdoba,  pertenece al Ducado de Medina Sidonia desde 1497 y a la Corona Española como tal, desde 1556. En el peor de los casos, 114 años antes de que existiera Marruecos y en el mejor 273.
Entonces, ¿por qué ese afán de decir que esas dos ciudades son parte del sagrado territorio Marroquí, si jamás lo fueron?
Pues supongo que son varias las razones.
La primera,  la imagen. Ciertamente, si miramos un mapa, tanto Ceuta como Melilla son como dos verrugas en su cara. La segunda, en la que tratan de justificar lo injustificable, la encontramos en la época de la colonización romana, cuando en los mapas del Imperio aparecía la provincia de Mauritania Tingitana (nada que ver con la Mauritania actual) y en ella aparece casi calcado lo que hoy se denomina el Gran Marruecos; ese sueño dorado de los monarcas alauitas. La tercera es la megalomanía de todos los monarcas, especialmente los musulmanes. Si en occidente los reyes lo eran por la gracia de Dios, en los países musulmanes lo son por herencia del Profeta. No hay Rey, Sultán o Emir que se precie que no descienda de manera directa del Profeta Mahoma. El Aluita no iba a ser menos. Por lo tanto consideran un deber sagrado incorporar todos los territorios que puedan a su fe; la única fe verdadera, claro.
Lo cierto es que el S. XXI ya se oyen voces que defienden que no tiene mucho sentido ni que Ceuta y Melilla sean españolas ni que Gibraltar sea británico, y que lo más lógico es que la ONU cree una comisión internacional para que esas plazas vayan a su dueño natural, es decir, Marruecos y España respectivamente. No sé que opinará de esto Gran Bretaña, pero no creo que se preocupe mucho. Si es la ONU la que ha de crear la comisión para solucionar esto, podemos esperar tranquilamente otros cinco siglos sin que pase nada.
Si no, ahí tienen el ejemplo del Sahara. LLevan más de 25 años a vueltas con un  referendum  de determinación y aún no ha sido capaz ni de elaborar unas listas del censo de votantes....
Así que supongo que Mohamed VI y José Luis Rodríguez Zapatero tomarán café, hablarán mucho de nada, firmarán una nota donde se prometerán amor y fidelidad eterna y cada uno se irá a su casa. Uno a tratar de capear el temporal político de las elecciones y el otro, a ver cómo puede sacar más réditos de la debilidad de su vecino del Norte.
Y en la ONU, ese reino encantado de fábulas sin fin, todos seguirán durmiendo el satisfecho sueño de los justos...Todos menos los pueblos que mueren de hambre o que sufren sojuzgados por otros pueblos de mayor capacidad armamentística o influyentes en ese cotarro de intereses no siempre confesados y casi nunca confesables.

viernes, 17 de septiembre de 2010

La nueva Europa.

La entelequia en que se ha convertido hoy en día lo que se creó como una unión de Estados, primero con una finalidad meramente económica para ir evolucionando hasta la utópica idea de una supra Nación de naciones, espacio común para todos sus ciudadanos,  y a la que se ha acabado llamando Comunidad Europea, ha logrado avergozar definitivamente a los que un día creímos que esa era una idea posible.
Los dirigentes políticos promotores de una Macro Europa unida, como si de un sólo Estado se tratase donde todos sus ciudadanos, por el mero hecho de serlo, gozarían de los mismos derechos y de libertad de movimiento en cualquiera de los estados miembros, eran muy diferentes de los que actualmente están al frente de ella. La crisis económica, el paro, el miedo como resultado de la manipulación de una realidad deprimente para conseguir el poder o para mantenerse en él, han logrado que el fétido aliento del racismo más indecente y el chovinismo más rancio recorra Europa como un fastasma del pasado redivivo.
Hoy, de los 27 Estados que componen la comunidad Europea, en 24 gobiernan partidos de corte conservador. De hecho, hasta en países tradicionalmente más progresistas en sus ideas y comportamientos sociales como Holanda o Suecia, los partidos de derechas y de ideología xenófoba y extremista han visto aumentada su  representación parlamentaria.
Hace 15 años, Le Pen, en Francia, consiguió que todos los partidos del espectro político se unieran frente a él porque consideraban una afrenta que alguien tan radical y xenófobo tuviera representación y proyección en el país que dio a luz la Declaración de los Derechos Humanos. Hoy en día cualquier partido supuestamente democrático propone "soluciones" al problema de la inmigración (ellos consideran un problema lo que debería ser un asunto a resolver), resumiendo en ésta todos los problemas del país,  que podrían encajar perfectamente en el ideario de Le Pen.
No voy a pecar de fariseo. A nadie le agrada la idea de que al lado de su casa  se instale un poblado gitano; a mí tampoco. Pero si nos hemos dotado de un marco legal europeo, con una Constitición Europea, lo menos que podemos hacer es respetarla. Y si esos gitanos son ciudadanos de un país de la Unión, nos guste o no, tienen el mismo derecho que cualquier otro ciudadano europeo. Pero también tienen las mismas obligaciones. Y si un ciudadano Inglés y payo no puede plantar una chabola en Hyde Park, un ciudadano rumano y gitano tampoco puede hacerlo en Francia.
Eso no quita para que las formas no hayan de respetarse. Francia tiene todo el derecho a legislar siempre que sus leyes no contradigan las Europeas. Y emitir un boletín de órdenes para la policía donde se les indicaba que tenían que levantar todos los campamentos gitano-rumanos de Francia para proceder a su expulsión es una orden que claramente se opone a la normativa Europea. Diferente es que la orden fuera que se levantaran los asentamientos que no contasen con permiso sin especificar etnia o procedencia de los componentes de los mismos.
 Pero claro, si la orden hubiese sido redactada así no hubiera levantado la polvareda política que levantó y Nicolás Zarkosy no hubiera podido venderse ante sus electores como el lider firme que arrodilló a Europa desafiándola con sus expulsiones en masa de gitanos. Un líder fuerte que acude a las ideas más extremistas para ganar a costa de los más débiles el rédito político perdido por su pésima gestión y su caracter altanero.