jueves, 21 de octubre de 2010

¿Hoy o ayer?


Corrían los años 50 del pasado siglo. España no lograba salir del descalabro económico y social en el que la habían sumido las pésimas políticas en ese campo desarrolladas por todos los gobiernos que habían habido hasta ese momento: los de la dictadura del General Primo de Rivera, en los años 20; los de la II República, del 31 al 39; y los de la dictadura del General Franco. La catastrófica tragedia de los 3 años de Guerra Civil, con la casi total destrucción del tejido industrial español y su 1.000.000 de muertos, mutilados o exiliados, y el aislamiento internacional como consecuencia del apoyo mutuo entre la España Franquista y las potencias del eje, Alemania e Italia, durante la II Guerra Mundial no ayudaban precisamente a salir de ese descalabro.
Curiosa hipocresía la de los componentes del llamado "mundo libre"; abandonaron a la II República y al gobierno legítimo de España a su suerte alegando una pretendida "neutralidad". Neutralidad, por otra parte, que la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini vulneraban a diario con el envío de armas, tropas y logística al ejército del general Franco.
Hipocresía más que patente cuando, acabada la Guerra Mundial, el plan Marshall hacía llover miles de millones de dólares (de los de finales de los 40) en la Europa destrozada por la Guerra dejando a España fuera de esa ayuda.
Hipocresía que se hizo más evidente aún si cabe cuando, ante la amenaza del avance comunista por Europa, corrieron a brindar su apoyo al mismo Gobierno dictador que antes ignoraron a base de acuerdos bilaterales y apoyo político en los foros internacionales. Esa fue la 2ª, y definitiva, derrota de la República y el espaldarazo que precisaba el régimen de Franco.
Cosas de la Guerra Fría...
Corría, como dije antes, los años 50 del pasado siglo y España no levantaba cabeza en lo económico. El hambre hacía estragos. Miles y miles de jóvenes españoles cargaban con sus maletas de cartón rígido atadas con cuerdas y llenas de hambre, miseria e ilusiones y emigraron hacia América y Europa para huir de todo lo que aquí había y buscar todo lo  que aquí faltaba. Libertad incluida.

México, Argentina, Uruguay, Chile o Cuba en Latino américa o Francia, Alemania, Austria, Italia u Holanda en Europa fueron los puntos de destino preferidos y donde la juventud española de la época, formada en casi su totalidad por mano de obra barata, poco cualificada y muy sacrificada, trabajó sin rechistar, ahorrando peseta a peseta, enviando remesas de dinero a sus hogares para aliviar el hambre de sus familiares y la penuria de divisas del país.
Han pasado sesenta años.
Hoy la juventud española está muy preparada. Mucho, muchísimo más que la de mitad del siglo XX. El número de Universitarios de ambos sexos no cesa de incrementarse año a año. Muchos hablan con soltura un segundo (y hasta un tercer) idioma. Son más altos, más guapos y han viajado muchísimo más que sus abuelos, aquellos jóvenes de los años 50. Sin embargo el paro reinante entre los jóvenes, cercano al 48 % de los que están en edad laboral, se ceba sin para en ellos.
Hoy no viajan con maletas de cartón duro atadas con cuerdas ni son analfabetos, pero para la mayoría de ellos, la única esperanza de futuro pasa por volver a emigrar a Latinoamérica o a los países que están mejor en Europa. Exactamente como hace 60 años.
La historia es una película que los políticos, con su ineptitud y su carencia de ideas, se empeñan en hacer un remake tras otro. 
Y a mi esa historia me huele ya a rancia.



jueves, 7 de octubre de 2010

Sobre ideas, premios e intolerancias...

Antes  de seguir leyendo,  y para evitar llevar a errores al lector ocasional de estas líneas, voy a dejar algunas cosas claras. Soy el hijo de un emigrante Sirio que llegó a España en los años previos a la guerra civil que asoló este país entre 1936 y 1939.
Mi familia es, tradicionalmente y por convencimiento, de derechas, católicos, practicantes de su fe, y absolutamente convencidos de lo que para ellos es la Verdad absoluta, es decir, Dios es varón, blanco, cristiano, vengativo, castigador y vengador de las afrentas de sus fieles. Hay otras verdades inmutables: los comunistas (ahí englobaban a todo lo que fuera de izquierda o no fuera de derecha) son seres desviados de la razón; seres malvados que sólo querían quitarles lo que ellos habían conseguido reunir durante años de duro trabajo y  además querían acabar con la religión. La palabra "ateo" no osaban ni pronunciarla, no fuera que con ello ofendieran a su Dios.
Supongo que yo soy la oveja negra, la desviada del rebaño, dentro de mi familia.
Yo evolucioné desde las posiciones  más conservadoras hacia las más...¿cómo calificarme?, críticas y de izquierda con las que me siento más  identificado. Sí, soy de izquierdas, republicano y apátrida dentro de España. Leer y pensar, pensar y leer, leer y pensar, me llevaron en este largo viaje desde las posiciones más conservadoras en las que debería encuadrarme por tradición familiar a las más sociales que defiendo ahora. Leer me ayudó a ser yo, a ser libre -incluso de pensamiento- y ser la oveja descarriada de este rebaño.
¿Por qué decir todo esto? Es sencillo, hoy acaban de conceder a Mario Vargas LLosa el Premio Nobel de Literatura. Increíblemente, en vez de ser esta una noticia que alegrase a todos los amantes de la Literatura, y más entre los hispano hablantes, he podido leer en blogs, en redes sociales y foros ataques desatados contra él basándose en sus ideas políticas de corte conservador más que por obra, de indudable valor literario.
¿Por qué si un autor es de izquierdas recibe el aplauso de la masa y si sus ideas son otras sólo recibe críticas? ¿Es que la Literatura es un patrimonio exclusivo de los escritores y lectores de izquierda?
Insisto, ni soy ni creo en los postulados de la derecha, pero creo en la libertad de pensamientos y de ideas. Creo en las personas, no en las etiquetas. Creo en el trabajo bien hecho y no en los espaldarazos oficiales.
Pero en esa libertad entiendo que una sociedad sana ha de tener diversidad de ideas y de opiniones, dentro del respeto a todas, claro.
Por eso, el que hayan premiado a Vargas Llosa y que en vez de parabienes esté recibiendo críticas, me asombra y entristece. Sobre todo porque se premia al hombre escritor , no al hombre político.