jueves, 20 de enero de 2011

Razones para un cambio


Esta mañana escuché en la cadena Ser a dos personas, dos economistas, uno del PSOE y otro del PP hablando, lo que en sí no es nada extraño, en una de sus tertulias. Lo que sí me resultó más extraño fue el tono amable, educado y conciliador que tenían ambos y el respeto mutuo que demostraban tener. Eso, en el erial que es la política española de hoy en día es como tropezarse con un trébol de cuatro hojas: una rareza de valor inestimable.
En concreto eran Guillermo de la Dehesa y Luis de Ghindos, y respondieron ex aecuo a una batería de preguntas sobre la reforma laboral y de las pensiones que les hizo el presentador del programa, Carles Francino. Salvo matices, como digo, demostraron que sus posiciones - y las de sus partidos, entiendo- no están para nada distantes una de la otra. El resto es meramente bronca política de quien no sabe utilizar otra estrategia para llegar a o mantenerse en el poder.
La entrevista dio unos datos que me reafirmaron en mi postura sobre el tema reflejada en la entrada titulada "2029" publicada en este blog en enero del pasado año. Eran datos incontestables.
De la Dehesa lo explicaba de manera gráfica y clara:
"La edad de jubilación legal a los 65 años se introdujo en 1919, cuando la esperanza de vida al nacer era de 41. En 1968, la edad de jubilación era de 70, porque Franco la subió, y la esperanza de vida también era de 70. Hoy la esperanza de vida es de 81 y la jubilación efectiva de 62. Además, en 1919 había un gran superávit, en 1968 no había déficit y ahora hay que pagar 19 años de jubilación". "En 1968 la edad de incorporación al trabajo era de 18 años y ahora es de 30, y la edad efectiva de jubilación se ha adelantado ocho años. Los que contribuyen trabajan 20 años menos y los que cobran, 19 años más. Las cuentas no salen, es aritmética pura".
Sin duda, como decía hace un año, a nadie le gusta trabajar más. Estamos tan mal acostumbrados por una ficticia  sociedad del bienestar que muchos ya se habían hecho la ilusión de retirarse a los 60 o 62 años y disfrutar de "la paguita" hasta los 84 u 85 años que esperaban vivir; es decir, entre 22 y 25 años viviendo no ya del Estado sino a cargo de las nuevas generaciones, los setecientos euristas o los cada vez más escasos mil euristas, vistos como los pobretones del cuento hace tan sólo tres años y envidiados hoy por el sueldo y por tener trabajo. 
Aunque éste sea un trabajo mal pagado y con un contrato abusivo.
Hay algo que no debemos perder de vista: el tan cacareado superavit de la caja de la Seguridad Social, ya no existe. Cayó un 72% en el pasado año debido sobre todo al incremento incesante del número de desempleados y a la caída de ingresos por cotizaciones. Y eso que para tratar de paliar y disimular los resultados, la Seguridad Social incorporó a las cuentas los intereses generados por el monto reservado para garantizar las pensiones, unos 2.660 millones de euros. Si no, las cuentas hubieran sido peor aún.
Lo dicho, la sociedad que sobrevive es la que se va adaptando a los cambios y se amolda a las circunstancias, así que, ya lo sabemos: si queremos cobrar una pensión de jubilación medianamente decente, no nos queda otra que trabajar más tiempo.
Y a ser posible, mejor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Salud camarada...¡¡¡¡¡