martes, 8 de febrero de 2011

Cosas de reyes...


Ya me he declarado como republicano en otras ocasiones. Quiero dejar claro que no tengo nada contra Juan Carlos I. Es más, reconozco sin ambages su papel fundamental e imprescindible en la transición española como nexo y aglutinante entre el viejo aparato franquista y fascista, y los movimientos democráticos que se imponían  con suma dificultad en la sociedad, no porque ésta los rechazara (de hecho, los ansiaba) sino por las trabas que le ponía el viejo aparato del Movimiento Nacional que llevaba 40 años en la mamancia del poder.
Sin embargo, reconocer esto no me convierte en monárquico en absoluto. Entiendo que ese sistema es un atraso para las sociedades. ¿Cómo puede ser que un sistema de gobierno que dice que, sólo por el hecho de llevar un código genético y no otro, imponga que el poder prevalezca en una familia? ¿Es que sólo por ser hijo de, ya hay certeza de que lo hará bien?
El caso es que en la monarquía española se sigue usando una costumbre medieval, la de premiar los servicios prestados al país -o a la corona- con la concesión de títulos nobiliarios. 
De esa manera, el 3 de febrero de este año, Juan Carlos I ha nombrado 4 nuevos marqueses: El marquesado de Ibias al ex magistardo del Tribunal Constitucional, Aurelio Méndez; el marquesado de Villar Mir al empresario de ese mismo apellido; el marquesado de Vargas LLosa al escritor y premio Nobel y el marquesado de Del Bosque al seleccionador nacional de futbol.
4 nuevos marqueses. 
4 nuevos cortesanos que, además, dejarán en herencia a sus primogénitos varones el título, y éstos a su vez a sus descendientes. Suponiendo que la monarquía española dure tanto, claro...
Me llama profundamente la atención los títulos dados a Del Bosque y Vargas Llosa.
¿De verdad que la selección española de fútbol ganara un mundial se puede considerar como un gran servicio a la corona? ¿Y si en el próximo mundial resulta eliminada en octavos, le retirará el título? ¿Y si ni se clasifica, lo mandará a galeras o lo encerrará en una mazmorra? ¿Y si vuelve a ganar, lo elevará a Duque?
En cuanto a Vargas Llosa, escritor del que admiro su obra literaria aunque no comparta su ideología político y social, ¿realmente es de recibo dar un título nobiliario a un señor que es conocido y reconocido por su militancia anti indígena en su propio país, el Perú? ¿Es que el título nobiliario lleva, además de las reminiscencias de un pasado medieval, otro colonial? ¿O es que en España ya no se recuerda la sangrienta historia de la conquista del impero Inca, el secuestro de Atahualpa y su trágico final? ¿O tal vez aún añoran en la Corte española la época del virreinato del Perú?
A veces, los supuestos honores, se pueden convertir en una carga peligrosa, tanto para el que los concede como para el que los recibe.

Foto: El cuarto del rescate (Cajamarca) donde supuestamente estuvo preso Atahualpa y que fue llenado hasta arriba de oro para su rescate.

2 comentarios:

Alberto dijo...

No comprendo esa molestia por el título concedido al sr Vargas Llosa. Si no recuerdo mal, usted defendió contra la opinión de muchos la justicia de la concesión del Nobel a este señor. Y no creo que hace unos meses él no fuera anti indigenista...¿o sí?
Saludos, Chamali. Seguiré leyéndole.

Jesús Chamali dijo...

Verá usted, Alberto, yo defendí -y defiendo- la concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa porque ese premio era a su carrera literaria, a su obra escrita, la que como ya he dicho, admiro sin reservas. Es, repito, un premio de corte literario; nada que objetar.
La concesión de un marquesado sin embargo, es un "premio" que otorga la corona española, se supone que por su trayectoria y defensa del español como lengua, pero que precisamente por quien lo brinda y por las ideas del que lo recibe, tiene muchas connotaciones políticas y sociales tanto en España como en Perú.
Gracias por leerme, Alberto. espero seguir escribiendo cosas que le interesen.