viernes, 4 de febrero de 2011

Mitos sexuales.



En los años 70, en la España tardofranquista, los españoles queríamos disfrutar de la libertad sexual que recorría Europa a partir de mayo del 68 y poder ver las películas eróticas, leer los libros y disfrutar de los espectáculos que la censura católica y apostólica nos negaba. 
Colas de españolitos viajaban los fines de semana a Perpiñán, cruzando la frontera hacia la vecina Francia, para hacer turismo erótico (el turismo sexual lo descubrieron más tarde). Allí pudieron disfrutar de películas míticas de las que podíamos oír comentarios pero no ver, como Enmanuelle o El último tango en París
Los reprimidos varones españoles de esa época soñábamos con Sylvia Kristel o María Schneider, protagonistas no sólo de esas películas sino de nuestras fantasías más tórridas. Ellas eran la imagen de lo que ansiábamos tener a mano, y que sólo podíamos soñar verlas si cruzábamos la frontera con Francia.
Yo era bastante joven en aquella época, andaría por los doce o trece años, pero con un instinto sexual desarrollado desde muy niño, soñaba también con ellas. Eran mis iconos sexuales.
Ayer falleció María Schneider debido a un tumor. Reconozco que no había vuelto a pensar en ninguna de ellas dos en muchos -quizás demasiados- años. 
Cuando vi su foto actual sentí que se me rompía de golpe un mito que me había acompañado desde mi adolescencia primera. Una María Schneider deteriorada por una vida de excesos, alcohol y drogas y un terrible tumor, habían transformado a mi icono erótico en una mujer mayor y acabada.
James Dean lo comprendió a la perfección. Los mitos deberían morir jóvenes. Así vivirían para siempre su máximo esplendor.


3 comentarios:

Aura dijo...

Has de tenr en cuenta, que el tiempo pasa para todos ....
No crees ...??
me daré con tu permiso una vuelta por tu blog ..
Cuidate

Jesús Chamali dijo...

Es cierto: el tiempo pasa para todos. Eso lo sabe y lo asume mi mente, Aura. Pero mi corazón.....Ah, mi corazón es otra cosa.
Tengo un corazón miope y algo astigmático, lo reconozco. Un corazón que se alimenta de recuerdos agradables y sensaciones placenteras. Un gran error, lo sé, pero a veces prefiero dejar que la mente se ponga las gafas y que el corazón siga viendo así, algo distorsionado.
Te agradezco, Aura, que ojees mi blog. Está a tu entera disposición.
Un gran abrazo y gracias.

Jorge Muzam dijo...

Todos vamos derechito al hoyo, dicen los campesinos de estos lados para bajar las ínfulas de los que actúan como si fueran inmortales.
Ese desengaño de ver un rostro ajado y sobretodo una mirada desprovista de luz nos asesina de golpe los sueños cándidos de otros entonces. Vi El último tango en Paris y Emannuel en mi época colegial, gracias a los primeros videos piratas que ingresaron a Chile. Sentí aquellas películas mucho más poéticas que escabrosas, mucho más delicadas que perversas, mucho más humanas que inmorales. En definitiva, mucho más limpias que las mentes realmente pervertidas que las censuraban.

Hoy desearía verlas con mis ojos de adulto, aunque creo que mi percepción no cambiaría mucho.

Algo parecido me pasó cuando vi a las hermanas Hemingway, deterioradas a punta de excesos. Pero como dice Aura, no podemos pensar como si fuésemos unos incólumes Dorian Grey, pues el tiempo pasa por todos. En mi caso, creo que más que mi cuerpo o mi rostro, lo que ha cambiado mucho es mi mirada que se ha vuelto miserablemente desencantada, aunque no paro de buscar el lugar dónde perdí mis ilusiones juveniles, a la par que intento ampararme en el recuerdo de algún entusiasmo pretérito.

Un gran abrazo mi querido amigo.