jueves, 3 de febrero de 2011

Nuevos tiempos, viejas soluciones.


Hace un par de meses, por diciembre del año pasado, repusieron una película de Alfredo Landa, Vente a Alemania, Pepe, de 1971. Como todas las películas de los años 40,50,60 y 70, la miré con ese poso entre nostálgico y crítico, lleno de curiosidad por hábitos, modas, gestos y decires ya pasados y tratando -como siempre, por otra parte- de leer entre líneas.
¡Quién me iba a decir a mi, que menos de un mes más tarde, la película en cuestión iba a estar de plena actualidad!
Angela Merkel ha declarado públicamente que Alemania necesita 800.000 empleados cualificados y que no los puede cubrir con personal nacional así que acude a los países de Europa, especialmente España, para hacerlo. Son empleos en sanidad, ingeniería, hostelería y enseñanza, sobre todo.
Hay una letra pequeña en esa oferta: los que acudan a ella tienen que tener un nivel de alemán de B1 o B2, es decir, alto.
Y resulta que de entre el millón largo de parados juveniles que hay en España, sólo 5.000 reunirían esa condición.
Eso sí, los que han mandado su currículo han recibido en una semana entre 10 y 20 ofertas de trabajo. Esa es la diferencia entre un país con un 7% de paro y otro con más de un 20%. Sin embargo, y a pesar de ello, muchos jóvenes que acaban de terminar esas carreras confiesan que no se irían a trabajar "tan lejos" de su casa. 
Sorprendente, ¿no? 
Otro efecto de esta oferta ha sido el vertiginoso aumento de alumnos matriculados en clases de alemán.
Lo dicho, vente a Alemania, Pepe, pero eso sí, hablando alemán....


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