lunes, 11 de abril de 2011

Edison y el sr Martín


Cuando Thomas Alva Edison hablaba sobre la bombilla incandescente que acababa de patentar solía decir a los que le comentaban burlones la de veces que había fallado antes de conseguir un prototipo que funcionara, que él no se había equivocado mil veces antes de lograrlo sino que había descubierto mil maneras diferentes de cómo no hacerla, y que que en el futuro nadie al encender una bombilla recordará cuántas veces hubo de intentarlo sino el resultado final. 
Mil fallos antes de dar con una bombilla que funcionara.
Mil fallos para un resultado que lleva más de ciento cincuenta años iluminando nuestras vidas.
Hoy no puedo dejar de pensar en el sr. Martín, Director de Sucursal, y de ámbito Provincial,  de una Compañía de Seguros que ocupa el nº 119 en el "Top Ten" de las compañía que operan en España, unas 135 aproximadamente. No puedo dejar de pensar que si el sr. Martín  hubiera estado en el lugar del Sr Edison, la humanidad aún estaría  alumbrándose con bujías de aceite o de petróleo, o con velas de sebo, porque este señor es alérgico a los cambios y, sobre todo, a los que no salen a la primera.
Tal vez por eso ha podido hacer carrera en esa compañía, donde para mover una mesa de sitio hay que hacer un informe, firmarlo por dos autorizados, remitirlo a central, que lo estudie el departamento correspondiente (sí señores, sí, seguro que hay un departamento correspondiente para eso) lo autorice su encargado, llegue a dirección general, lo firme y vía valija interna, dos o tres semanas más tarde, llegue de nuevo a la oficina, cuando ya han cambiado de opinión y han pensado que mejor no cambiar esa mesa sino aquella  otra...y vuelta a empezar.
O que en 2011, donde hasta los teléfonos tienen internet de banda ancha y las oficinas y casas tienen 10 o 12 megas en el lugar desde donde les escribo, y los ordenadores vienen con 4Gb, el y digo bien  "el " ordenador que tiene a su disposición la red comercial -por supuesto, sin acceso a Internet- es de 517 Kb. Todo un lujo.
El sr. Martín desconfía de estos avances. El sigue añorando los viejos tiempos, cuando la gente no tenía información a golpe de click de ratón. Cuando la competencia era un señor de traje arrugado, maletín de plástico duro y calcetín blanco tocando puertas en un edificio. Cuando no había muchas formas de comprobar que lo que tú decías era más verdad que lo que él decía sino la apariencia de seriedad que pudieras inspirar y lo que publicaras en el folleto: cuanto más grande, más coloreado y con más números, mejor. Así antes se aburría y sólo se fijaba en las fotos de gente sonriente y en las cifras destacadas.
Pero hoy...
Hoy la malvada competencia dota a sus comerciales de portátiles... ¡Portátiles! Y además con acceso a internet. ¡Habrase visto mayor descaro! 
Y encima les enseñan a usarlo para que comparen datos de sus compañías con las de la competencia: datos como cifras de solvencia, facturación en primas, ranking de compañías, y cosillas así que siembran (vaya usted a saber por qué) la desconfianza en el posible cliente hacia la compañía del sr. Martín.
Es por eso que donde esté una buena bujía de petróleo o de sebo, que se quiten las modernidades esas de las bombillas...
¡A quién se le ocurre!


3 comentarios:

S&J Gestión Comercial dijo...

Inmejorable Señor Mío....

Jorge Muzam dijo...

Eres genial amigo Jesús, simplemente genial.

El señor Martin es un personaje apropiado para una buena novela.

Jesús Chamali dijo...

Lo triste de este caso es que el sr, Martín, como tantos otros que aparecen en mi blog es un personaje absolutamente real, aunque su actitud y su trayectoria suenen a inventadas.