lunes, 13 de junio de 2011

Flashback


Cuando desperté noté un sabor amargo, extremadamente amargo en la boca,  y un fuerte mareo.
Quise llevarme la mano a la cabeza pero algo me lo impedía. Abrí los ojos pero los volví a cerrar de inmediato: una luz blanca cegadora me hirió en los ojos como si fueran cuchillos al rojo vivo.
Quise levantarme y noté que algo me lo volvía a impedir. Cuando las náuseas pasaron me di cuenta de lo que era: estaba atado a una cama con unas cinchas de cuero forrado. Aquello me asustó y me desesperó por igual y empecé a forcejear y gritar hasta que una puerta a mi espalda se abrió con un chasquido sordo y seco y entró primero un hombre vestido de blanco y al poco salió para volver acompañado de otro vestido de verde.
Yo no podía parar de gritar a pesar de que ambos me pedían que que calmara, y sólo lo hice ante su amenaza de que, o lo hacía, o me tendrían que volver a dormir.
Yo sólo quería saber.
¿Qué sitio era aquél? ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué estaba atado? 
No lograba recordar nada.
El señor de verde me dijo que hacía cinco días que había tocado en la casa de mi ex mujer y que cuando me abrió, entré diciéndole que algo le pasaba a mi llave, que no lograba abrir. Dicen que le pregunté qué había para cenar mientras me quitaba la corbata al tiempo que me descalzaba y me tumbaba en le sofá; en mi viejo y cómodo sofá, y le pedía que por favor me trajera una cervecita fresquita comentándole lo duro que había sido el día.
Dicen que cuando ella quiso reaccionar y me preguntó que qué estaba haciendo, que llevábamos quince años divorciados, yo puse una cara muy rara, le pregunté si estaba loca o qué le pasaba, empecé a recorrer la casa, y a darme cuenta de que nada estaba como yo lo recordaba -nada excepto el sofá, ese sofá que tanto eché de menos- me senté en él con la cabeza entre las manos y solo podía decir una y otra, y otra vez "no puede ser, no puede ser. Si yo salí esta mañana de aquí para ir al trabajo. Si desayunamos juntos café con galletas de mantequilla..."
Luego, sigue diciendo el señor de verde, vino la policía y quiso que me fuera con ellos, y yo no quise, y ellos me empujaron, y yo me puse bravo, y ellos también y yo acabé empujando a uno por la ventana y los demás  se tiraron encima mío, que no paraba de gritar que eso no estaba pasando, que todos querían volverme loco.
Y así llevaba cinco días, gritando y durmiendo a base  de calmantes.
No puedo evitarlo, lo que me cuentan es mentira. Estoy seguro de que me quieren volver loco. Noto cómo la ansiedad y la angustia me suben por momentos y no puedo reprimir el grito que me inunda el pecho, que me rompe el alma y trato de nuevo soltarme de estas amarras que me sujetan a la cama.
El señor de verde da una orden y el blanco sale corriendo para volver con una jeringuilla y otro compañero. Entre los tres me sujetan y noto un pinchazo en mi muslo, lo que hace que grite más aún si es que esto es posible.
Pero poco a poco me quedo sin fuerzas de nuevo y esa luz blanca y brillante que me quema en la retina se va opacando y la oscuridad vuelve a hacerse lentamente y entro en ese mundo donde nada es real.
¿O tal vez vuelvo al mundo real y lo que hago es escapar de esta terrible pesadilla? 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Joder Creo que leiodo algo parecido de un tal Truman capote

Jesús Chamali dijo...

Pues le rogaría que me dijera el título del relato para poder comprobarlo, sr o sra anónimo.