miércoles, 30 de marzo de 2011

Mala memoria


Ya no me acuerdo, pero cuando firmé el contrato para ser padre estoy seguro de que no leí la letra pequeña. Creo que ninguno lo hacemos.
Aquella que dice que nunca hay que poner mala cara a su mala cara, la que dice que hay que reprimir las lágrimas ante las respuestas airadas de los hijos cuando te interesas por su vida, por su hoy y -sobre todo- por su mañana, para que ellos no cometan tus errores. Que se equivoquen es inevitable, pero que cometan los suyos. Repetir los tuyos es equivocarse dos veces. 
Y sin necesidad.
Ser padre es el oficio para el que nunca estás suficientemente preparado, pasen los años que pasen, tengas los hijos que tengas. ¡Y pobre de ti si crees que ya estás listo porque ya tienes la experiencia del primero! Cada hijo, cada hija son parecidos pero diferentes y sus vidas también.
Mis hijas son y han sido, junto con mi pareja, los tres lados del ancla que mantienen mi barco firme a pesar de estar azotado por tormentas y marejadas.
Pero la madera ya hace aguas.