jueves, 22 de diciembre de 2011

Una historia corriente.


Matías ya estaba harto. Cada día era un añadido a su frustración, así que cuando el nivel de la misma llegó a un punto insoportable, estalló. ¿Qué se creía la zorra esa? ¡Ya estaba bien, hombre! Sin duda que había llegado el momento de darle una lección que no olvidase.
Sí, sin duda. Había que colocar a esa cabrona en su sitio.
Matías estaba cansado; cansado de que Leyla, su mujer, siempre estuviera metiéndose con él, cansado de que lo infravalorara, cansado de que pensara que él ya no valía para nada, que era poco menos que un adorno -y un adorno bastante feo- en su casa, de que lo utilizara como centro de sus puyas en las reuniones de amigos...
Sí, Matías estaba harto, así que decidió que nada mejor que darle una buena lección a esa tipa.
Claro que esa tipa era su mujer, pero él ya no veía en ella aquello que lo enamoró hacía más de diez años.
¿Dónde se había metido su dulzura? ¿Dónde escondió sus caricias y sus besos apasionados? ¿En dónde se escondía ahora aquella mujer que se quedaba absorta escuchándole cuando él hablaba de sus sueños y de sus metas, de cómo iban a ser su vida? Y sobre todo, ¿cuándo se había convertido en ese ser abyecto y burlón que era ahora?
No, sin duda, había que arreglar esa situación y poner las cosas en su sitio. Él era un hombre... no; él era el hombre, y ella no paraba de meterse con él y de dejarlo en evidencia burlándose de sus sueños, de sus ideas, de su presente, negándole el futuro, ese futuro que él había soñado para los dos... ¡Esa zorra se merecía una lección y él se la iba a dar! 
A ver qué cara ponía cuando le llegaran los rumores de que él estaba con otra. Seguro que ya no volvería a hacer bromas con su hombría. Ni ella ni sus amigos. 
Matías sonreía al imaginarse la escena: Leyla desesperada ante la posibilidad de que otra le quitara a su esposo, ante la visión de sí misma, en la frontera de los cuarenta, perdida ya esa belleza luminiscente que tenía a los veintisiete años, cuando se conocieron. ¡Sin duda que esa imagen era aterradora para ella! Bueno, para ella y para cualquier mujer, pensaba Matías. Sin embargo, él había mejorado con la edad. Esas primeras canas dispersas por su cabeza, las gafas y su andar pausado le conferían un aire más interesante, a los Georges Clooney.
¡Ya vería la puta esa de lo que él era capaz cuando se pusiera a conquistar a otras mujeres! Sin duda ese sería un golpe que no esperaba.
Y así, sonriendo tontamente, llegó a su casa.
Tardó en darse cuenta de lo que ocurría. De hecho, hasta que no se sentó  a ver la tele, no reparó en la nota que estaba pegada en la puerta de la nevera con un imán.
Cuando la empezó a leer, la sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco.
"Hola Matías: hola y adiós. Me voy. No soporto más tus desplantes. No soporto más que me ignores a diario, que ya no me desees, que cada beso tuyo haya que conquistarlo como si de la cumbre del Everest se tratara, que me trates como si fuera la chica del servicio doméstico. 
Me harté Matías. O me hartaste, no lo sé. Pero ya no aguanto más vivir junto a un hombre que ya no tiene sueños, que renunció (no sé bien cuándo ni por qué) a sus metas, a nuestras metas, a aquellas que soñábamos cuando nos conocimos. ¿Te acuerdas? Seguro que no, porque si te acuerdas, no entiendo por qué las olvidaste para convertirte en ese ser amargado, despótico y ácido que hoy eres.
Tal vez fue un error casarnos. Tal vez fue un error que yo dejara mi trabajo, a mis amigos, mi vida, para ser ese oscuro apéndice tuyo en el que me has convertido. Tal vez fue un error no decírtelo antes, a pesar de mis intentos para hacerlo.
Tal vez todo en nuestra vida ha sido un error. O una mentira. No lo sé.
Sólo sé que me harté y como tú no te das cuenta nunca de nada, ni siquiera de que me arreglo más, de que me cambio el peinado para tratar de que me veas, para que me vuelvas a desear, me voy.
Sé feliz. Yo por mi parte intentaré serlo.
Te quise mucho."
Matías cayó derrumbado en el sillón con la carta en la mano. ¡La muy zorra lo había vuelto a hacer! ¡Le había quitado el placer de la venganza y había convertido su incipiente victoria en otra amarga derrota!
De repente la casa se hizo más grande, más fría y oscura, y él ya no se sentía más como George Clooney.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Aspirina Vrs 10.000.-€

Foto de Corbis

Ya es típico el tópico de que cuando la mujer no quiere tener relaciones sexuales con su marido alega estar indispuesta; casi siempre con un terrible dolor de cabeza. Y punto. Ahí se acaba la discusión. ¡Faltaría más!
De hecho hay multitud de chistes sobre el tema. ¿Quién no conoce aquél en el que llega el marido a la cama con una aspira y un vaso de agua y sin mediar palabra se la da a su esposa? 
¿Y esto? -pregunta ella- Para tu dolor, contesta él.
¡Si no me duele nada!
¿Entonces esta noche sí que hay tema?, pregunta esperanzado...
¿Pero si es el hombre el que por fatiga crónica o por problemas de salud no puede o no le apetece "cumplir" con el débito conyugal?
Pues si es en Francia, que prepare la cifra de 10.000.-€ para indemnizar a su esposa en concepto de daños y perjuicios.
Al menos así lo ha estimado un tribunal de Aix-en-Provence que ha condenado a un marido denunciado por su esposa por no hacerle el amor a pesar de que éste presentaba un diagnóstico medico de fatiga crónica, y para ello se han basado en el artículo 1.382 del Código Civil Francés, según el Diario Le Monde.
¿Y digo yo, la afligida esposa, después de 21 años de matrimonio y 10 de abstinencia, no ha echado ninguna canita al aire? ¿No ha pensado que era más fácil el divorcio y así solucionar de raíz el problema? ¿Para qué querrá esos 10.000.-€? ¿Le aliviarán la libido?
¡Pero qué raros son estos franceses!