lunes, 26 de noviembre de 2012

Tiempo de setas.


Cuando vivir se vuelve una tarea insoportable y me veo incapaz de entender nada ni a nadie. O siento que todo se desmorona a mi alrededor y que nada parece ser capaz de mantenerse firme para darme refugio.
En los momentos en los que la nostalgia y la tristeza se reparten mi alma sin encontrar mucha resistencia, tú te levantas del sillón y me llamas para que veamos juntos cómo cae la lluvia a través de la ventana abierta.
Y así, abrazados, en silencio, mojándonos, me doy cuenta de repente de que en el fondo todo está bien, de que lo seguirá estando mientras podamos seguir disfrutando abrazados, tan juntos que casi somos uno, de cosas como la lluvia de otoño, de esta gran luna llena que algunas noches entra por la ventana del dormitorio o de esa extraordinaria y casi mágica luz que por las mañanas tiñe de dorado la terraza de casa mientras nos tomamos el café.
Por cierto, hoy me has dicho que es tiempo de setas y castañas.
La Navidad ya toca en la puerta.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sueños de infancia.


Cuando era un niño con el futuro intacto por delante, miles de sueños en mi mente y millones de ilusiones en mi corazón, pensaba que la gente mayor que veía tan seria era porque se ocupaban de cosas de mayores; cosas importantes como resolver esos difíciles problemas de matemáticas que estaban en mis libros y que yo era incapaz de hacer, descubrir inventos como la televisión en color, que algunos fantasiosos decían que en ciertos lugares ya existía -¡qué locos!- o lograr que los coches corrieran más rápido o tuvieran formas cada vez más bonitas.
Por eso iban tan serios y tan preocupados, porque siempre estaban pensando en cosas muy importantes para mejorar nuestra vida.
Menos las mamás. Ellas iban serias por otros motivos. Porque nosotros, los niños, no nos comíamos los potajes de acelgas o el pescado frito. O por cosas así. Por cosas de mamás.
Cuando era niño, estar enfermos significaba que ese día no iba al colegio y que, además, mis padres me traían más caramelos o un pirulí de la Habana para mí solo, y nuevos cuentos de las aventuras de Tin Tin, del Capitán Trueno o del Jabato. Bueno, salvo que estuviera malito de la tripa. Entonces no había ni caramelos ni pirulí, sino que bajaban del altillo del ropero donde guardaban las medicinas un terrorífico instrumento de tortura de metal verde, con una manguera y una cánula, que llamaban lavativa, y con la que habitualmente acababan con mi dolor...y mi dignidad al mismo tiempo.
Cuando era niño me imaginaba a mi como esos personajes de las películas de ciencia ficción, viviendo en el S XXI, serio y ocupado en cosas importantes, cosas de mayores,  pero vestido con una especie de mono enterizo plateado y con un coche de hermosa forma que ya no sólo corría mucho, sino que además, volaba. Me imaginaba sesudo y trabajando en un laboratorio lleno de aparatos con cientos de luces parpadeantes y probetas humeantes.
Lo que nunca me imaginé cuando era un niño con tanta capacidad de imaginarme cosas fue mi vida actual.
Y quizás fuese mejor así.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Un hombre discreto


Terminó el café de un solo sorbo, limpió con un gesto distraído las migajas de bizcocho del mantel de hule que cubría la mesa y dando un suspiro se levantó. Aunque aquella iba a ser sin duda su última comida, unos bizcochos y un café aguachirlado, no tenía por ello sentimientos de ira, de rencor, o de lástima por sí mismo. Hacía tiempo ya que se sentía tan solo y vacío que era incapaz de albergar sentimiento alguno. Simplemente las cosas eran así, y así las tomaba.
Se duchó y luego se afeitó con esmero. Estaba vistiéndose cuando la casa se quedó de repente a oscuras. Ni siquiera pensó en la posibilidad de que fuera una avería. Sabía perfectamente que le habían suspendido el suministro por falta de pago. 
Suspirando, encendió la vela que tenía preparada en previsión de que eso ocurriera. Así, a la mortecina luz de la vela, se miró por última vez en el espejo del baño. Su imagen ganaba o perdía intensidad según se avivara más o menos la llama de la vela.
-¡Parezco un alma en pena!- se dijo susurrando, como si tuviera miedo de que la figura del espejo se enojara con él por ese comentario.
Comprobó por el cuello de la camisa cuánto se notaba lo que había adelgazado en los últimos meses. El pantalón también se le fruncía en el culo y a los lados apretado por el cinto, al que hizo el último agujero con un clavo contra el suelo de la cocina. Parecía que la ropa no fuera suya, que fuera prestada, aunque era la misma que llevaba poniéndose los últimos cinco años, cuando se compró la última prenda de vestir.
Con la mirada fija en sus ojos hundidos se dijo de nuevo susurrando:
-¡Hoy es el día amigo! Ya llegó el final.
Cogió los dos sobres que había en la mesa, se los guardó en el bolsillo de la chaqueta y se giró en redondo para ver la que había sido su casa en los últimos años. Quiso comprobar que todo quedaba limpio y ordenado. Le espeluznaba la idea de que cuando todo aquello pasara y entraran en su casa, la vieran desastrada y sucia. Su vida había sido una vida ordenada y pulcra, no veía ninguna razón para que no lo fuera en este momento.
Al salir hizo el ademán de apagar la luz sin darse cuenta de que no había ninguna luz que apagar. Aquello lo desconcertó un poco, pero luego, mirando hacía la vela que ya ardía en sus últimos centímetros, se encogió de hombros y dejó que ésta se apagara por sí misma mientras salía cerrando la puerta casi en silencio, como si no quisiera llamar la atención de nadie sobre su partida.
-Total -pensó- ya se armará revuelo después, y al fin y al cabo, a mi siempre me ha gustado la discreción.
Lo último que vio cuando se volvió antes de girar la esquina fue el viejo álamo y el banco donde solía sentarse, en el parquecito frente a su casa, ahora solitario y lleno de rocío.
-No es un mal recuerdo para llevarme - pensó.
 Y caminó decidido hasta adentrase en la noche como una sombra más.

Publicado simultáneamente en el Blog "Plumas Hispanoamericanas".

miércoles, 1 de agosto de 2012

Confidencias a media voz


            No podía evitar mirarla a los ojos mientras ella iba desgranando su historia, a ratos lentamente, a ratos atropellándose con las palabras, como si éstas no pudieran salir a la velocidad en la que sus recuerdos se desbordaban.
Se retorcía las manos y el tono de su voz era casi inaudible, al punto de recordarme a una plegaria más que a un relato de desdichas. Pero aún así traté de no perderme ninguna de sus palabras.
        -¿Cómo pude estar tan ciega?-me dijo con la mirada perdida en el suelo- ¿Cómo?
            La miré. 
            Me miró.
          ¿Quién sabe qué decirle a un corazón perdido?
            Yo no. 
           Sólo me encogí de hombros y le brindé mi mano para que la estrujara entre las de ella mientras ambos guardábamos silencio y nos perdíamos en nuestros recuerdos.

lunes, 9 de julio de 2012

No lo sé...


Dicen que la ausencia de la persona amada causa un dolor tan intenso que es capaz de matarte o de hacerte desear estar muerto.
No lo sé.
Tú te has ido, pero yo soy incapaz de sentir nada: ni amor ni desamor, ni rencor ni añoranza, ni alivio ni tristeza; nada.
Allí dónde antes tuve un corazón palpitante hoy sólo queda un negro y gélido agujero; un negro y gélido agujero de profundidad insondable.
Dicen que cuando la persona que amas se va, tus ojos se pasan el tiempo buscando los suyos en los ojos de los demás.
No lo sé.
Yo en la cara de los demás sólo veo manchas borrosas y no puedo ver ningún rasgo que los defina con claridad como personas diferentes. Tal vez sea porque cuando miro mi cara, allí donde antes estaban mis ojos hoy sólo veo dos huecos llenos de soledad y tristeza.
Dicen que cuando una persona pierde a su amor, se pasa las noches mirando al cielo, buscando en él respuestas y complicidades.
No lo sé.
Yo cada vez que miro al cielo sólo veo un terrible manto negro preñado de oscuridad donde cada pregunta, en vez de una respuesta, genera cien preguntas más.
Hoy me dijeron que sólo el amor cura las heridas que el amor inflige.
No lo sé.
Hoy ni siquiera sé si existo yo como me percibo a mí mismo o tan sólo soy una enloquecida entelequia de mi mente enfermiza, como para creer encima en el poder curativo del amor, o incluso en su propia existencia.

sábado, 2 de junio de 2012

18.263 días

Hoy cumplo medio siglo, o sea, 18.263 días en este mundo. Y no sé si es algo que deba celebrarse. Aunque siento que estos cincuenta años que han ocupado parte de dos siglos han hecho de mi un ser privilegiado.
He visto llegar al hombre a la luna. He vivido la guerra fría -y demasiadas guerras calientes- y he visto la caída del muro de Berlín, aquél que separaba el mundo en dos partes. Hoy también el mundo está separado en dos partes, los que disponen de comida de sobra y los que se mueren de hambre y de sed; y parece que ese muro es mucho más difícil de derribar.

He vivido la revolución tecnológica; de la máquina de escribir al I-pad, pasando por todos los artilugios imaginables de los que ya ni me acuerdo. De la televisión en blanco y negro que sólo tenía dos canales, a la digital con una oferta de canales abrumadora, en 3 dimensiones y que  se puede ver en el móvil. 
Viví la revolución hippie, con sus melenudos colocados y felices, con sus "paz y amor" y sus psicodelias...y con la policía franquista arrestándolos y aplicándoles la ley de vagos y maleantes. (Próximamente de nuevo en nuestro código penal. ¡No se puede consentir tanta manifestación subversiva pidiendo que no se recorten los derechos sociales, faltaría más!)


Viví la transición y la época de los grandes políticos, y del destape. Curiosa época.
Pasamos del rosario en familia a la masturbación compulsiva. De la misa de las cinco, al cine XXX. De leer "Vidas Ejemplares", a devorar las obras del  Marques de Sade...
Por cierto, los curas mentían. Ninguno de nosotros nos quedamos ciegos  de tanto darle a "eso"...
Viví la descolonización del Sahara. Bueno, aquello más que una descolonización  fue más el cobarde abandono a su suerte de un pueblo que era hasta ese momento parte de España y que diez segundos después de que el último soldado español saliera por patas de allí, entró dando tiros el primer soldado marroquí ocupando a punta de fusil aquel territorio supuestamente descolonizado. Y así hasta ahora, 32 años después.
Viví -con miedo- el golpe de Estado del 23-F, las huelgas generales, insólitas y prohibidas en la España de aquellos años, la llegada de los Socialistas de Felipe González al poder, los crímenes de ETA, la guerra sucia del Gal, a Aznar y su soberbia mentirosa... 
Y  guerras y más guerras...
Me casé, me divorcié, y entre medio nacieron mis dos hijas.
Sólo por ellas ya vale la pena haber nacido, haber sufrido haber metido tantas veces la pata y haber pasado tantas noches perdido buscándome y buscando respuestas a preguntas que nunca la tuvieron.
Tuve más parejas, claro,  y desde hace catorce años convivo con la persona con la que he logrado encontrar un equilibrio afectivo, emocional e intelectual que cada día se renueva.
Quizás sea ese el secreto.
50 años. 
Medio siglo.
He trabajado de muchas cosas. He vendido zapatos, ropa, café al mayor, tartas cogeladas...He trabajado en una fábrica de muebles de cocina y en una marmolería. He trabajado de botones y camarero en el hotel de mi padre y de vigilante nocturno en una obra; de contable y de vendedor de productos para animales. He trabajado en una floristería y en un herbolario. He sido asesor en seguros, vendedor de libros, vendedor inmobiliario, gestor de créditos... 
He trabajado para una empresa de asesoramiento financiero y como asesor de riesgos en inversiones...
Entre medio leía y leía, y estudiaba todo lo que podía. Mi vida ha sido un continuo aprender porque mi padre me dijo que el hombre que cree saberlo todo ya está cavando su propia tumba.
Y de vez en cuando, escribo para no volverme loco del todo.


Cuando un trabajo se agotaba, a los cinco días ya estaba enganchado en otro. Con la ilusión del aprendiz, pero también con la ilusión de acabar dominándolo. Sin vergüenza por los errores que cometería, es más,  dispuesto a cometerlos para aprender cuanto antes de ellos y llegar a ser, si no el mejor, al menos sí un buen profesional.
¿He sido feliz?
A ratos.
Me conformo.
Y cuando no lo soy, ahí están mis recuerdos alegres para reconfortarme y mi esperanza en lo que aprenderé mañana para ilusionarme.
Dicen los médicos que, por mi estado de salud ya estoy, con 50 años, viviendo mi tercera edad debido al estado degenerativo de mi patología.
¿Y qué sabrán ellos?
Yo sé que hoy es hoy, y que el mañana ya vendrá.

viernes, 18 de mayo de 2012

Hasta el infinito y más allá...


                  A veces, tumbado en en sofá, esperando que la batería de pastillas que tomo empiecen a hacer su efecto y el dolor remita lo suficiente como para poder irme a la cama, tengo una extraña visión. Mi cuerpo se desdobla y mientras el de siempre, este cuerpo barrigoncillo, machacado por el dolor, sigue en el sofá tapándose los ojos con el brazo derecho, veo a otro Jesús Chamali (igual de barrigoncillo, no se crean) que se burla de mí y se dedica a caminar libremente sin bastón, a hacer piruetas por entre los muebles del salón mientras me hace mil gestos y muecas burlescas, a correr como un atleta hasta el infinito y más allá. Bueno, realmente dejo de verlo cuando traspasa la puerta de terraza, pero sigo escuchando sus burlas y carcajadas un buen rato, esa es la verdad. Tengo que preguntarle al médico qué demonios tienen esas pastillas. Eso, o pedir hora en un buen psiquiatra.

martes, 13 de marzo de 2012

Esperando su visita.


                    Hoy la muerte me ha llamado al móvil. Ha sido como esperaba. Sonó de madrugada y no dejó de hacerlo hasta que lo cogí. No había nadie al otro lado. Al menos nadie vivo. Solo un increíble silencio, un silencio mortal que hizo que mi corazón latiera con un ruido atronador. Era la muerte. Estoy seguro. Llevo tiempo esperando su llamada. Ahora la espero aquí, sentado a solas en mi patio, rodeado de mis plantas, leyendo un último libro, tomándome un vino, y esperando que sea puntual mientras también le sirvo a ella un vasito de tinto. ¡No quiero que cuando me lleve pueda decir de mi que fui un mal anfitrión!

viernes, 9 de marzo de 2012

Huyendo de ser pendejo.


Dicen que Borges decía que el que suicidaba para escapar de su realidad en la creencia de que otra vida sería mejor era un necio, porque el que es pendejo en este mundo, lo seguía siendo en el otro.
Esta frase, que ayer me recordaba un amigo, me lleva a pensar que a veces intentamos huir de una realidad que nos ahoga escapando de nuestro entorno, comprando lotería para que un golpe se suerte nos traiga la felicidad con el dinero, dejando ese trabajo que nos mata a diario, empezando una nueva relación que nos devuelva alegría e ilusión, cambiando de casa, de país o incluso de religión... y no nos damos cuenta de que aunque hagamos todo eso, seguiremos igual de infelices al poco tiempo porque huyamos de donde huyamos, siempre nos traeremos con nosotros al mismo pendejo que nos hace infelices: a nosotros mismos.
Para cambiar nuestra vida en profundidad más allá de algún retoque estético hemos de hacer el gran cambio: cambiar nuestra actitud y nuestra visión de las cosas. Hacer otra cosa es ver la misma mala obra interpretada por el mismo mal actor, sólo que en teatros diferentes.
Es como pintar una pared con humedades queriendo que éstas desaparezcan con la pintura. Si no saneamos la pared picándola y hurgando hasta encontrar la raíz de la humedad, sólo gastaremos pintura inútilmente porque la humedad volverá a salir.
Y es que el ser humano es así; siempre busca el camino más fácil, siempre tratando de huir de lo que no le gusta en vez de cambiarlo. 
Y así nos pasamos la vida.


viernes, 24 de febrero de 2012

Aviso a navegantes.



Hoy, en las páginas interiores de los periódicos, entre otras muchas noticias sin clasificación, se ha publicado la historia de Miguel.
Miguel (pongamos que se llama así) tenía una vida normal. Casado, dos hijos, una hipoteca y un trabajo que le daba, junto con el de su mujer, para ir viviendo. Hace tres años su mujer quedó en paro y la empresa donde él trabajaba redujo personal y le tocó  salir entre los despedidos.
Miguel, conocido en el pueblo donde vive, persona seria y trabajadora,  encontró empleo al poco tiempo. No ganaba lo mismo, pero al menos llevaba un sueldo a su casa. Con esos ingresos y el seguro de desempleo de su mujer, fueron tirando un tiempo, hasta que el seguro de ella se les acabó.
Ella siguió buscando trabajo. De lo que fuera. Pero con un paro de un 23% y sin estudios superiores, eso era tarea imposible. Y más si eres mujer y tienes dos hijos menores.
Los días pasaban, los meses corrían.
Miguel tuvo que desprenderse de cosas. Lo primero que cayó fue su coche. Recién acabado de pagar tuvo que venderlo para poder hacer frente a pagos urgentes. Total -se dijo- aquí en el pueblo todo está cerca y el transporte colectivo funcionaba relativamente bien para otros desplazamientos...
Luego fueron las joyas de su mujer. Cuando las llevó a un "compro oro" de esos que han proliferado como setas en otoño, sintió que con ellas se iban los recuerdos físicos de gran parte de su vida: el anillo de compromiso, la joya del primer aniversario, aquella que le regaló cuando fue madre, el collar que le pusieron los Reyes Magos... Pero ellos se consolaron pensando que al fin y al cabo aquello no eran sino objetos y que el verdadero recuerdo siempre estaría en su corazón. Además, había que seguir pagando y viviendo...
Luego llevaron a un casa de empeños algunos cosas que eran superfluas, aunque les hizo mucha ilusión cuando las adquirieron: el DVD, la Play, una televisión auxiliar...Pero ellos se dijeron que total, qué mas daba. Así tendrían más tiempo para verse en familia y hablar.
Pero los meses seguían pasando y las facturas acumulándose.
Un día les llegó lo que tanto temían: una notificación del banco en la que les apremiaban a pagar las cuotas pendientes de la hipoteca y se les advertían que en caso contrario, se procedería al embargo y subasta de su casa.
Durante días no pudieron reaccionar. No sabían qué hacer. Ya no había nada que vender ni que empeñar. No tenían a nadie a quien acudir. Sus padres malvivían con una pensión mínima, no tenían hermanos y sus amigos estaban en su misma situación o peor. Ya no veían salida alguna.
Y mientras, en la televisión, no paraban de salir noticias sobre éste o aquél político, empresario, banquero o personaje público que se había enriquecido brutalmente chorizándole al pueblo decenas de millones de euros y que seguían viviendo en una aparente tranquilidad hasta la espera de un juicio que parecía no llegar nunca o que cuando llegaba, una batería de abogados carísimos y de renombre conseguían con artimañas sacarlos sin mucho problema del trance.
O comprobaban que daba igual quién gobernara, izquierdas o derechas. El único dinero que fluía era siempre para resolver el problema de los mismos: la banca y el poder.
Cuando les quedaba menos de una semana para que se cumpliera la amenaza del banco, un banco que, por cierto, pidió y obtuvo ayuda del Fondo Interbancario, del Estado y del Banco Central Europeo para solucionar sus problemas de liquidez y seguir ganando indecentes cantidades de dinero, Miguel cayó en la desesperación.
Y cometió un error.
Cogió 1.500.-€ de la recaudación de la Sidrería donde trabajaba y acudió al banco a ponerse al día con la hipoteca.
Sabía que lo que hacía estaba mal. Sabía que la empresa se daría cuenta. Pero sabía también que él no podía permitir que sus hijos se quedaran en la calle.
La policía investigó el caso, pero fue él el que acudió a hablar con su jefe para explicarle lo ocurrido. La desesperación cedió y volvió a salir la parte íntegra de Miguel.
El jefe no va a presentar cargos contra él. Le dijo que ya buscarían una manera para que pudiera devolver lo cogido.
El jefe es un hombre que ve y comprende.
El fiscal, no. 
Y la ley pretende actuar de oficio y atajar esos actos usando a Miguel como ejemplo para que nadie se les desmande. Mano dura contra todo aquel que robe por debajo de un millón de euros, parece ser la consigna...
Este es un caso real, aunque parezca una novelilla barata. Y real es también el dolor, la desesperación y el sentimiento de vivir atrapados en una gigantesca pesadilla de Miguel (pongamos que se llama así) y de otros muchos -demasiados. como él.
Y el rumor que se escucha en la calle ya no es el de "qué se le va a hacer: es la crisis" Ahora empiezo a percibir el ruido de las piedras en los bolsillos y el que se produce cuando el hartazgo alcanza y pasa todas las líneas rojas.
Aviso a navegantes...

domingo, 12 de febrero de 2012

Condiciones.


             Si la noche dejara de ser ese tiempo donde la muerte ensaya la eternidad durante cuatro horas o mi cama dejara de ser ese campo de batalla donde miedos, fantasmas, sombras y demonios libran su guerra, tal vez mis sueños empezarían a tener sentido de nuevo. Si pudiera dejar de repasar todos los errores de mi vida antes de caer rendido por el sueño, si alguna vez pudiera perdonármelos. Si alguna vez el mañana llegara a tiempo o si yo tuviera un sitio en él. Si alguna vez pudiera leer todo lo que me estoy perdiendo o escribir lo que me callo hasta para mí.
Tal vez, entonces, pueda rozar la felicidad con la punta de mis dedos.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Reflexiones de un viejo apátrida sobre el que fue su país: Siria

Familia Assad en 1969/1970.  El actual presidente está justo a la sombra de su padre...como ahora.

                Siria era la tierra de mi padre. Siria es la que, en 1982, cuando el padre del actual presidente masacró inmisericorde a los pueblo de Hama y Deera, decidió que no podía hacer esa absurda y cruel guerra sin mí, y me reclamó militarmente para que acudiera allí a matar o morir por una patria desconocida para mis ojos y lejana en mi corazón. Siria es la que, cuando me negué a ser un borrego entre borregos, a vestir un uniforme y a portar un arma con la que defender lo indefendible y sostener lo insostenible, el poder de Hafez al Assad me declaró prófugo militar, me retiró el pasaporte y me mandó al limbo administrativo de los apátridas donde me encuentro desde entonces. Siria es la que, ahora, siente que el límite ya se cruzó y que la hora de los dictadores, de las "dinastías republicanas hereditarias" finalizó, y que -aunque  a lo lejos- se oyen trompetas que llaman a la libertad. Una libertad a lo árabe; una libertad que cuando llegue -porque llegará- occidente ni comprenderá ni aceptará, e incluso temerá, porque siempre se teme lo diferente. Siria es ahora un gran campo de batalla. Un campo de batalla que está convirtiendo al país de mis mayores en el mayor cementerio de la zona; un gran campo de batalla donde se demuestra una vez más que la ONU no es otra cosa sino un organismo absolutamente inútil desde el momento en que los más poderosos -Francia, los EE.UU, Rusia, China y el Reino Unido- tiene permanentemente derecho a veto y lo utilizan a discreción, como protección de sus intereses económicos y geopolíticos, sin tener en cuenta que con ese veto matan a miles, a millones de personas, con la misma culpabilidad y contundencia del que apunta y dispara el arma asesina. Siria es también un buen negocio. Lo es al menos en la actualidad para países como China o Rusia, que saltándose los embargos económicos, políticos, de tecnología o de armas, las venden a un país que las necesita para reinstaurar la paz entre su pueblo; la paz de los cementerios, sin duda. Y lo será para sus empresas, que esperan pacientemente a que la destrucción de infraestructuras sea cada vez mayor para, como agradecimiento a que sus países les vendieran las armas y la tecnología suficiente para destruirlas, les encarguen a ellas la tarea costosísima y bien pagada de reconstruirlas,
              Hafez el Asasd, el padre del actual presidente, mató al menos a 10.000 sirios en 1982 para acabar con la revuelta que amenazaba con derrocarlo. A él, que llegó al poder en 1970 a través de un golpe de estado, y eso no lo iba a permitir. Basshar al Assafd, su hijo, el actual presidente de Siria, sólo lleva unos 5.000 muertos de momento. Pero parece que estos últimos días se ha aplicado para, como buen hijo, superar las marcas de su padre. Yo seguiré siendo un apátrida de mierda. Me seguirán mirando raro en los controles de documentos. Seguiré sin poder viajar a muchos sitios (prácticamente a ninguno), pero al menos puedo decir que lo soy porque me negué a ser cómplice de esa sinrazón y me negué a colaborar económicamente con ellos cuando me insinuaron que mi situación se podría arreglar si donaba 6.000 US Dolar de 1982.  Basshar aún matará a miles y miles de sirios, pero jamás podrá acabar con Siria.
              Y Siria será feroz en su venganza.

miércoles, 11 de enero de 2012

Mentiras y rebajas.


Una consecuencia de la situación económica que estamos viviendo es la modificación de hábitos de compra, especialmente los que se daban en fechas de consumo masivo como son las de Navidad y Reyes.
Salvando la ineludible obligación para con los más pequeños de regalar en las fechas exactas del 24 o 25 de diciembre y del 6 de enero, en muchos hogares se está instaurando la costumbre de reservar la mayor parte del dinero que antes se fundía en esos días para hacerlo luego en las rebajas, multiplicando por el doble -o incluso más- la capacidad de compra.
Sin embargo este nuevo hábito también está conllevando otro pésimo en las tiendas; sobre todo en las que venden moda.
Si bien antes se ponía el día 7 de enero todo lo que había en la tienda en rebajas progresivas, esto es, primero un 20 un 30 % de descuento para luego, cada 15 días, ir rebajando paulatinamente, y de nuevo, los géneros que van quedando  hasta llegar a un 70 % o incluso hasta poner los últimos restos a 3, 5, o 9,9o euros, claramente por debajo del coste real del artículo, con la intención de limpiar la tienda de restos y capitalizarse ante la nueva temporada en puertas, actualmente parten de un 50% de media...pero sólo en los carteles.
Porque en estas rebajas de invierno de 2011-2012, he podido comprobar cómo algunas tiendas como Encuentro Modas o El Número 1 (supongo que en otras también, pero de éstas tengo la certeza y la constancia de que ocurre así) han sacado artículos que estuvieron a la venta hace tan sólo dos meses con un precio 6 euros, ponerlos ahora "rebajados" a 11 euros. Y la certeza me viene porque yo mismo compré ese artículo, en concreto un pantalón vaquero de chica, y a ir a repetir la compra en estos días me he encontrado con la desagradable sorpresa de que el mismo pantalón había subido de precio "milagrosamente" gracias a las rebajas.
O incluso que un artículo que a principio de diciembre había comprado a 9 euros, encontrármelo a los mismos 9 euros ahora, pero eso sí, con un cartel llamativo y enorme que anunciaba ese precio como de rebaja.
Y así no.
Ya sé que las empresas ganan menos dinero en estos días puesto que el 65 % de las ventas de todo el año se centran entre diciembre y enero, y al retenerse la gente a la hora de comprar hasta que comiencen las rebajas, sus cálculos de beneficios saltan por los aires. Lo sé. Sin embargo no creo que la solución se la de engañar o, directamente, estafar al consumidor con falsas rebajas o  con subidas escondidas tras el cartel de liquidación de temporada.
Y eso por no decir que los artículos que de verdad interesan los retiraron de venta para sacarlos tres días más tardes como de "nueva temporada" y evitar rebajarlos  sorteando de esa manera la Ley de Comercio que regula las rebajas.
Esta actitud demuestra, en el fondo, una miopía absoluta de los gestores de esos comercios, un desprecio absoluto hacia el consumidor final y la falta de una estrategia acertada a la hora de planificar las compras y las ventas por los ejecutivos de los mismos.
Y el resultado, al menos en Canarias, está siendo el lógicos ante esto: las rebajas están obteniendo un bajo seguimiento, un 4 % menos en el primer día, que es el mejor de todos con diferencia.
Porque, a pesar de lo que piensen los genios del marketing de esos comercios, el comprador actual no es tan tonto como para caer en estas mentiras tan burdas, y ante eso, se van a otros comercios que sí respeten las reglas del juego.