viernes, 9 de marzo de 2012

Huyendo de ser pendejo.


Dicen que Borges decía que el que suicidaba para escapar de su realidad en la creencia de que otra vida sería mejor era un necio, porque el que es pendejo en este mundo, lo seguía siendo en el otro.
Esta frase, que ayer me recordaba un amigo, me lleva a pensar que a veces intentamos huir de una realidad que nos ahoga escapando de nuestro entorno, comprando lotería para que un golpe se suerte nos traiga la felicidad con el dinero, dejando ese trabajo que nos mata a diario, empezando una nueva relación que nos devuelva alegría e ilusión, cambiando de casa, de país o incluso de religión... y no nos damos cuenta de que aunque hagamos todo eso, seguiremos igual de infelices al poco tiempo porque huyamos de donde huyamos, siempre nos traeremos con nosotros al mismo pendejo que nos hace infelices: a nosotros mismos.
Para cambiar nuestra vida en profundidad más allá de algún retoque estético hemos de hacer el gran cambio: cambiar nuestra actitud y nuestra visión de las cosas. Hacer otra cosa es ver la misma mala obra interpretada por el mismo mal actor, sólo que en teatros diferentes.
Es como pintar una pared con humedades queriendo que éstas desaparezcan con la pintura. Si no saneamos la pared picándola y hurgando hasta encontrar la raíz de la humedad, sólo gastaremos pintura inútilmente porque la humedad volverá a salir.
Y es que el ser humano es así; siempre busca el camino más fácil, siempre tratando de huir de lo que no le gusta en vez de cambiarlo. 
Y así nos pasamos la vida.


3 comentarios:

Ana Matos dijo...

Esta entrada suya me trajo el recuerdo de una conversación entre Borges y Sábato en la que, si no recuerdo mal, decían:
"Borges: Yo también he pensado en el suicidio. Hace setenta y cinco años que vengo suicidándome. Tengo más experiencia que usted, Sabato.

Sabato: (Sonriendo) Con muy poca eficacia, por lo que se ve.

Borges: Sí, pero con mucha vocación, realmente."
Una entrada muy interesante.

Jorge Muzam dijo...

Como anillo al dedo. Así siento que me viene tu texto, amigo Jesús. Pero ¿cómo es posible no ser pendejo? ¿cómo adelantarnos para mirar desde un risco las probables pendejadas que cometeremos en el futuro? ¿cómo reparar las pasadas? ¿Basta un querer cambiar de actitud para que el gran pendejo se esfume? ¿Cómo revivir tantos bosques incendiados?

Un abrazo amigo. Tu texto es perfecto en la forma y en el fondo.

Laura dijo...

Muy de acuerdo con esta apreciación. Fabulosa, como dice Jorge, en forma y fondo. En mi opinión, el primer paso para dejar de ser pendejo, es reconocer que uno lo es, y eso no es nada fácil… reconocer que lo que desechamos a diario no es más que lo que no queremos ver, es un paso grandísimo.
Abrazos y buen camino hacia el "despendejismo"