viernes, 18 de mayo de 2012

Hasta el infinito y más allá...


                  A veces, tumbado en en sofá, esperando que la batería de pastillas que tomo empiecen a hacer su efecto y el dolor remita lo suficiente como para poder irme a la cama, tengo una extraña visión. Mi cuerpo se desdobla y mientras el de siempre, este cuerpo barrigoncillo, machacado por el dolor, sigue en el sofá tapándose los ojos con el brazo derecho, veo a otro Jesús Chamali (igual de barrigoncillo, no se crean) que se burla de mí y se dedica a caminar libremente sin bastón, a hacer piruetas por entre los muebles del salón mientras me hace mil gestos y muecas burlescas, a correr como un atleta hasta el infinito y más allá. Bueno, realmente dejo de verlo cuando traspasa la puerta de terraza, pero sigo escuchando sus burlas y carcajadas un buen rato, esa es la verdad. Tengo que preguntarle al médico qué demonios tienen esas pastillas. Eso, o pedir hora en un buen psiquiatra.

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