sábado, 2 de junio de 2012

18.263 días

Hoy cumplo medio siglo, o sea, 18.263 días en este mundo. Y no sé si es algo que deba celebrarse. Aunque siento que estos cincuenta años que han ocupado parte de dos siglos han hecho de mi un ser privilegiado.
He visto llegar al hombre a la luna. He vivido la guerra fría -y demasiadas guerras calientes- y he visto la caída del muro de Berlín, aquél que separaba el mundo en dos partes. Hoy también el mundo está separado en dos partes, los que disponen de comida de sobra y los que se mueren de hambre y de sed; y parece que ese muro es mucho más difícil de derribar.

He vivido la revolución tecnológica; de la máquina de escribir al I-pad, pasando por todos los artilugios imaginables de los que ya ni me acuerdo. De la televisión en blanco y negro que sólo tenía dos canales, a la digital con una oferta de canales abrumadora, en 3 dimensiones y que  se puede ver en el móvil. 
Viví la revolución hippie, con sus melenudos colocados y felices, con sus "paz y amor" y sus psicodelias...y con la policía franquista arrestándolos y aplicándoles la ley de vagos y maleantes. (Próximamente de nuevo en nuestro código penal. ¡No se puede consentir tanta manifestación subversiva pidiendo que no se recorten los derechos sociales, faltaría más!)


Viví la transición y la época de los grandes políticos, y del destape. Curiosa época.
Pasamos del rosario en familia a la masturbación compulsiva. De la misa de las cinco, al cine XXX. De leer "Vidas Ejemplares", a devorar las obras del  Marques de Sade...
Por cierto, los curas mentían. Ninguno de nosotros nos quedamos ciegos  de tanto darle a "eso"...
Viví la descolonización del Sahara. Bueno, aquello más que una descolonización  fue más el cobarde abandono a su suerte de un pueblo que era hasta ese momento parte de España y que diez segundos después de que el último soldado español saliera por patas de allí, entró dando tiros el primer soldado marroquí ocupando a punta de fusil aquel territorio supuestamente descolonizado. Y así hasta ahora, 32 años después.
Viví -con miedo- el golpe de Estado del 23-F, las huelgas generales, insólitas y prohibidas en la España de aquellos años, la llegada de los Socialistas de Felipe González al poder, los crímenes de ETA, la guerra sucia del Gal, a Aznar y su soberbia mentirosa... 
Y  guerras y más guerras...
Me casé, me divorcié, y entre medio nacieron mis dos hijas.
Sólo por ellas ya vale la pena haber nacido, haber sufrido haber metido tantas veces la pata y haber pasado tantas noches perdido buscándome y buscando respuestas a preguntas que nunca la tuvieron.
Tuve más parejas, claro,  y desde hace catorce años convivo con la persona con la que he logrado encontrar un equilibrio afectivo, emocional e intelectual que cada día se renueva.
Quizás sea ese el secreto.
50 años. 
Medio siglo.
He trabajado de muchas cosas. He vendido zapatos, ropa, café al mayor, tartas cogeladas...He trabajado en una fábrica de muebles de cocina y en una marmolería. He trabajado de botones y camarero en el hotel de mi padre y de vigilante nocturno en una obra; de contable y de vendedor de productos para animales. He trabajado en una floristería y en un herbolario. He sido asesor en seguros, vendedor de libros, vendedor inmobiliario, gestor de créditos... 
He trabajado para una empresa de asesoramiento financiero y como asesor de riesgos en inversiones...
Entre medio leía y leía, y estudiaba todo lo que podía. Mi vida ha sido un continuo aprender porque mi padre me dijo que el hombre que cree saberlo todo ya está cavando su propia tumba.
Y de vez en cuando, escribo para no volverme loco del todo.


Cuando un trabajo se agotaba, a los cinco días ya estaba enganchado en otro. Con la ilusión del aprendiz, pero también con la ilusión de acabar dominándolo. Sin vergüenza por los errores que cometería, es más,  dispuesto a cometerlos para aprender cuanto antes de ellos y llegar a ser, si no el mejor, al menos sí un buen profesional.
¿He sido feliz?
A ratos.
Me conformo.
Y cuando no lo soy, ahí están mis recuerdos alegres para reconfortarme y mi esperanza en lo que aprenderé mañana para ilusionarme.
Dicen los médicos que, por mi estado de salud ya estoy, con 50 años, viviendo mi tercera edad debido al estado degenerativo de mi patología.
¿Y qué sabrán ellos?
Yo sé que hoy es hoy, y que el mañana ya vendrá.