lunes, 9 de julio de 2012

No lo sé...


Dicen que la ausencia de la persona amada causa un dolor tan intenso que es capaz de matarte o de hacerte desear estar muerto.
No lo sé.
Tú te has ido, pero yo soy incapaz de sentir nada: ni amor ni desamor, ni rencor ni añoranza, ni alivio ni tristeza; nada.
Allí dónde antes tuve un corazón palpitante hoy sólo queda un negro y gélido agujero; un negro y gélido agujero de profundidad insondable.
Dicen que cuando la persona que amas se va, tus ojos se pasan el tiempo buscando los suyos en los ojos de los demás.
No lo sé.
Yo en la cara de los demás sólo veo manchas borrosas y no puedo ver ningún rasgo que los defina con claridad como personas diferentes. Tal vez sea porque cuando miro mi cara, allí donde antes estaban mis ojos hoy sólo veo dos huecos llenos de soledad y tristeza.
Dicen que cuando una persona pierde a su amor, se pasa las noches mirando al cielo, buscando en él respuestas y complicidades.
No lo sé.
Yo cada vez que miro al cielo sólo veo un terrible manto negro preñado de oscuridad donde cada pregunta, en vez de una respuesta, genera cien preguntas más.
Hoy me dijeron que sólo el amor cura las heridas que el amor inflige.
No lo sé.
Hoy ni siquiera sé si existo yo como me percibo a mí mismo o tan sólo soy una enloquecida entelequia de mi mente enfermiza, como para creer encima en el poder curativo del amor, o incluso en su propia existencia.