domingo, 24 de febrero de 2013

Mi vecino.


Estos días me he dado cuenta de algo inquietante: mi vecino se aburre.
Se aburre mucho.
Sobre todo los fines de semanas y festivos. Si no no se entendería esa irritante costumbre que tiene de hacer obras prácticamente cada sábado o domingo.
El caso es que en vez de irse a la playa o al campo, o a dar una vuelta y al cine, como cualquier mortal, él se pertrecha de martillo, de mazas, de taladro, de sierra eléctrica y de toda herramienta susceptible de hacer el más molesto de los ruidos, y se dedica a hacer vaya usted a saber el qué, pero eso sí, lo hace con inusitada fruición.
Y la verdad es que no me explico qué demonios puede estar haciendo para necesitar acometer esas obras en un piso de 120 mtrs cuadrados semana sí y semana no. Porque con el tiempo que lleva haciendo chapuzas en su casa, ya debería haberla renovado por entero dos o tres veces. El caso es que raro es el fin de semana en el que el sábado o el domingo -cuando no en los dos días- no tenga de música de fondo una sinfonía inaguantable de martillazos, taladros, mazazos y demás. 
Y digo yo, ¿tanto le habría costado a este hombre aficionarse a la cocina en vez de al bricolaje?
Porque, puestos a dar por sentado que se aburre y que leer no entra en sus previsiones, menos molesto sería ese hobby que el de derruir y reconstruir su casa semana a semana.

2 comentarios:

Laura dijo...

Podrías ir un día con la excusa de pedirle un poquito de sal y aprovechar para ver lo que tiene dentro… ya me estoy imaginando algo al estilo Breaking Bad...

Jorge Muzam dijo...

El vecino hinchapelotas. Parece un cuento universal.

Seres cuyo sentido de vida parece ser andar haciendo hoyos innecesarios en las paredes.

Habitualmente son tipos muy individualistas, quejumbrosos, envidiosos e irrespetuosos. Intentan resarcir un poco la autoconciencia de su pequeñez jodiéndole las bolas al resto, y en lo posible en las horas donde más daño pueden causar.

Un abrazo grande, amigo mío.