miércoles, 6 de febrero de 2013

Un final como otro cualquiera

Imagen de la web  fenomenosparanormales.org 

Noto su presencia tan cercana, que se podría decir que siento como su aliento me enfría la nuca. 
¡Quién me lo iba a decir! Tanto tiempo fanfarroneando sobre ella y sobre el poco o ningún miedo que me inspiraba, y ahora que sé que ya está aquí, que ya viene a buscarme, y que esta vez no se irá de vacío, estoy aterrado.
Sé que esta vez es la definitiva. Sé que moriré pronto.
Tal vez hoy mismo.
Desde luego, no creo que vea la luz de mañana.
Y esta absoluta certeza, en vez de ser, como siempre creí, liberadora, es tan perturbadora que está convirtiendo mis últimas horas en una tortura insoportable.
Si creyera en algo, si tuviera alguna fe, podría consolarme con que hay otra vida, con que en ese más allá me espera algo, ya sea un premio o un castigo; en todo caso, otra oportunidad para volver a ser algo vivo, para ser alguien, para amar y ser amado...tal vez. Para empezar de nuevo.
Pero saber que cuando ella llegue definitivamente, que cuando su soplido apague de una vez y para siempre la cada vez más tenue llama de mi vida, no quedará sino una espantosa e impenetrable oscuridad, hace mucho más duros estos momentos. Por mucho que los entienda y por muchos años que lleve preparándome para ellos.
Ya ves, en eso los creyentes nos llevan ventaja. Viven en una mentira y en la ignorancia, pero mueren en paz y en el confort que esa mentira y esa ignorancia les brinda.
Ya llega. Lo sé. Lo noto.
Mis ojos ya se apagan. Mi corazón  ya no quiere seguir, y este sé que es mi último pensamiento lógico, después vendrá la nada.
Esto se acaba...

1 comentario:

Jorge Muzam dijo...

Esa certeza de que todo se acaba, le aporta un color extra a lo que tenemos, a lo que disfrutamos, a las personas que nos acompañaron. No nos ganó el egoísmo de pensar que en otra vida podríamos reformarnos. Esto fue, y las cosas más simples de la vida fueron el real condimento de vivir.

Un abrazo, querido amigo.