martes, 2 de abril de 2013

Los árabes y el sentido de la vida.


Algo que he podido constatar con los años es que los árabes tenemos de manera casi innata un sentido dramático de las cosas. No sé si ocurre igual con todos los orientales, pero con los árabes, desde luego que sí.
Todo es para nosotros una tragedia, o al menos, todo es susceptible de serlo. Ya saben lo que dicen de nosotros: que la realidad no te estropee un buen drama.
Tal vez sea debido a nuestra visión fatalista de la vida. Tenemos grabado en nuestro código genético que las cosas son como son por alguna razón, aunque no la conozcamos ni, en la mayoría de las veces, nos preocupe lo más mínimo conocerla. Sólo las aceptamos como voluntad divina....
Insha'Alá!!
¡Si Dios lo quiere!
Las cosas pasan o no pasan sólo si Dios quiere o no que ocurran. Y punto. Ante una situación, la que sea, un árabe sólo tiene dos respuestas: "si Dios lo quiere..." O montar un drama en toda regla. Y no es que no sepamos divertirnos, no, que va. Famosas son nuestras fiestas sin fin. Claro que se rumorea que eran "sin fin", porque cuando acababan, lo hacían también de manera un tanto trágica. De tal manera que no sería la primera vez que escuchara a algún árabe decir que para evitar terminar llorando, mejor no empezar riendo...
Así que, entre tragedias barrocas y jaculatorias constantes (no sé si sentidas, la verdad) pasan -aquí ya no me incluyo- su vida quejándose de su mala suerte, de las confabulaciones de sus enemigos, sean éstos reales o ficticios, o de ofensas -más ficticias éstas que reales, por cierto- al tiempo que esperan que las cosas pasen sólo "si Dios quiere..."

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