sábado, 10 de agosto de 2013

Gardel tenía razón.


De todos los tangos que existen, quizá el que más veces he oído, y más veces he destrozado tratando de cantar imitando al inimitable, es "Volver".
Y su estrofa más conocida sin duda es aquella que proclama que veinte años no es nada.
Hoy cumples veinte años, y no puedo evitar pararme a mirar todo lo que ha ocurrido, que no es poco, en todo este tiempo.
Lo más importante es que aquella bebé pelirrojilla, pequeña, fragante como todos los bebés, ha ido creciendo hasta convertirse en una mujer capaz, inteligente y aunque muchas cosas han cambiado en tu vida en estos veinte años -unas buenas, otras no tanto- sigues siendo en esencia la misma persona alegre que reparte alegría a su alrededor, que sabe que la felicidad está en el equilibrio entre lo que uno da a los demás y lo que uno busca recibir de éstos. 
Y eso no te lo he enseñado yo.
Feliz cumpleaños, hija.

1 comentario:

Jorge Muzam dijo...

Se percibe que el orgullo, la comprensión, la valoración y el amor son recíprocos.

Bellas palabras de un padre a su hija.

Un fuerte abrazo, querido amigo y mis felicitaciones a ambos.