sábado, 14 de septiembre de 2013

Manuales del Siglo XX en el Siglo XXI


Odio que suene el teléfono mientras estoy descansando.
Me irrita terriblemente, sobre todo porque jamás es para darte una buena noticia. Nunca me han despertado de la siesta para decirme:
-¡Eh, enhorabuena amigo! Le ha tocado un coche nuevo en la rifa del barrio.
Sobre todo porque en mi barrio,  lo más que puedes ganar en una rifa, es un viaje en guagua de ida y vuelta, y además en el mismo día, a la playa de Puerto Rico. Los bocadillos y las cervezas los pones tú.
No, cada vez que suena el teléfono en mi casa a la hora de la siesta es algún comercial novato, acabado de salir del curso de ventas de su empresa, hiper motivado y extra convencido de que lo que le han dicho sobre llamar a esta hora para localizar con más posibilidades al cliente -y por lo tanto de cerrar la venta con éxito- es verdad divina.
Hasta que tropieza con esa especie de mala bestia en la que me convierto cuando me despiertan en lo mejor de mi descanso para ofrecerme cambiar de compañía telefónica, comprar el canal digital, un colchón de látex, o ese fantástico robot de cocina que hará mi vida más cómoda y me dejará más tiempo para descansar.
Justo en esos momentos mis bramidos suelen hacer temblar los cimientos de mi casa y, por lo general, la línea telefónica  con el curioso resultado de quedarme hablando (maldiciendo, en realidad) solo, porque habitualmente ya no hay nadie en el otro lado cuando acabo la pregunta, retórica, cierto, sobre si él o ella creen que la hora de la siesta es la más adecuada para incordiar a nadie con gilipolleces de ese estilo, y si  después de cabrear a un cliente de esta guisa, creen de verdad que está predispuesto, no ya a comprar, sino ni siquiera a escuchar sus bobadas.
Pero ya digo, cuando acabo, no suele haber nadie al otro lado de la línea...
Una cosita: señores formadores de estos comerciales, de ex formador retirado a futuros ex formadores -porque si los evalúan por sus éxitos, pronto estarán en el desempleo, espero- ¿por qué no hacen algo útil, si no por sus pupilos, por ustedes mismos, y en vez de seguir viejos guiones y repetir prontuarios caducos como papagayos, no se paran e innovan?
Les garantizo que el primero que se detenga a pensar y se adapte a la realidad actual creando algo novedoso, algo ingenioso, algo que impacte y no incordie al potencial cliente, ese formador triunfa profesional y económicamente.
Claro que para eso tiene que pensar, y eso es más trabajoso que irse a internet y copiar de los manuales que corren por la red, cambiando una palabra aquí y un término allí, para simplemente cumplir con ésta o aquella empresa, cobrar el curso y a otra cosa... o a otro curso.
Y mientras tanto, cientos, quizás miles de potenciales comerciales se quemarán ante la respuesta airada de otros cientos, quizás miles de potenciales clientes exigentes como yo.
Y todo por unas decenas de inútiles.

1 comentario:

Séfora Malián dijo...

¡Jajajajajaja! ¡Qué razón lleva usted, Chamali! Ya he perdido la cuenta de las veces que me han llamados los pesados esos de jazztel para bombardearme con sus ofertas, y eso que les digo de entrada que no me pienso cambiar, pero nada, como si fueran sordos.
Y además llaman lo mismo al medio día, que por la noche, que los sábados por la tarde que incluso un domingo en la mañana.
¡Son como las plagas bíblicas de Egipto!