sábado, 9 de noviembre de 2013

Promesas que duran lo que la noche.




Algunas noches se sentaban juntos, cogidos de las las manos, y en silencio miraban al cielo estrellado, asomados a la terraza de su casa
Una noche, Marta, sin mirarle, le dijo: 
- Sin ti, no sabría mirar este cielo ni podría sentir este vértigo que me hace tambalear.
Y le apretó aún más la mano sin dejar de mirar las estrellas.
Al día siguiente Carlos había desaparecido y Marta se sintió ciega y vacía; como muerta. Pero a la noche, casi por inercia,  se asomó a la terraza y miró de nuevo al cielo estrellado. Era el mismo cielo, pero ella lo veía totalmente diferente, y aunque no supo explicarse por qué si Carlos no estaba allí, seguía sintiéndose tan sobrecogida ante ese espectáculo como cuando él lo miraba a su lado. Tanto, que hasta en algún momento le pareció sentir de nuevo el tacto de una mano en la suya. 
Pero mirando a las estrellas, ya no recordaba de quién podría ser.

2 comentarios:

Guillermo ROBAINA dijo...

¿Será porque su nombre acaba en S, suena a plural...?

Séfora Malián dijo...

Un triste historia con un final desconcertante.
¿Existe el amor? ¿Lo sustenta la fidelidad y la confianza?
No sé si quiero conocer la respuesta.