domingo, 24 de febrero de 2013

Mi vecino.


Estos días me he dado cuenta de algo inquietante: mi vecino se aburre.
Se aburre mucho.
Sobre todo los fines de semanas y festivos. Si no no se entendería esa irritante costumbre que tiene de hacer obras prácticamente cada sábado o domingo.
El caso es que en vez de irse a la playa o al campo, o a dar una vuelta y al cine, como cualquier mortal, él se pertrecha de martillo, de mazas, de taladro, de sierra eléctrica y de toda herramienta susceptible de hacer el más molesto de los ruidos, y se dedica a hacer vaya usted a saber el qué, pero eso sí, lo hace con inusitada fruición.
Y la verdad es que no me explico qué demonios puede estar haciendo para necesitar acometer esas obras en un piso de 120 mtrs cuadrados semana sí y semana no. Porque con el tiempo que lleva haciendo chapuzas en su casa, ya debería haberla renovado por entero dos o tres veces. El caso es que raro es el fin de semana en el que el sábado o el domingo -cuando no en los dos días- no tenga de música de fondo una sinfonía inaguantable de martillazos, taladros, mazazos y demás. 
Y digo yo, ¿tanto le habría costado a este hombre aficionarse a la cocina en vez de al bricolaje?
Porque, puestos a dar por sentado que se aburre y que leer no entra en sus previsiones, menos molesto sería ese hobby que el de derruir y reconstruir su casa semana a semana.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Un final como otro cualquiera

Imagen de la web  fenomenosparanormales.org 

Noto su presencia tan cercana, que se podría decir que siento como su aliento me enfría la nuca. 
¡Quién me lo iba a decir! Tanto tiempo fanfarroneando sobre ella y sobre el poco o ningún miedo que me inspiraba, y ahora que sé que ya está aquí, que ya viene a buscarme, y que esta vez no se irá de vacío, estoy aterrado.
Sé que esta vez es la definitiva. Sé que moriré pronto.
Tal vez hoy mismo.
Desde luego, no creo que vea la luz de mañana.
Y esta absoluta certeza, en vez de ser, como siempre creí, liberadora, es tan perturbadora que está convirtiendo mis últimas horas en una tortura insoportable.
Si creyera en algo, si tuviera alguna fe, podría consolarme con que hay otra vida, con que en ese más allá me espera algo, ya sea un premio o un castigo; en todo caso, otra oportunidad para volver a ser algo vivo, para ser alguien, para amar y ser amado...tal vez. Para empezar de nuevo.
Pero saber que cuando ella llegue definitivamente, que cuando su soplido apague de una vez y para siempre la cada vez más tenue llama de mi vida, no quedará sino una espantosa e impenetrable oscuridad, hace mucho más duros estos momentos. Por mucho que los entienda y por muchos años que lleve preparándome para ellos.
Ya ves, en eso los creyentes nos llevan ventaja. Viven en una mentira y en la ignorancia, pero mueren en paz y en el confort que esa mentira y esa ignorancia les brinda.
Ya llega. Lo sé. Lo noto.
Mis ojos ya se apagan. Mi corazón  ya no quiere seguir, y este sé que es mi último pensamiento lógico, después vendrá la nada.
Esto se acaba...