domingo, 23 de febrero de 2014

Cuestión de luces.


Se levantó temprano. Mucho antes de lo habitual. 
Llevaba muchas noches en las que dormir era un lujo y descansar una utopía. De cualquier manera, ese día iba a ser especial. O por lo menos quería que fuera un día diferente. Eso se decía mientras se peinaba frente al espejo, debajo de aquella bombilla amarillenta y su luz mortecina. Nunca le gustó aquella luz. Siempre pensó que le hacía parecer más triste de cómo se sentía, más vieja de lo que era. Siempre pensaba que tenía que cambiarla por uno de aquellos bombillos ecológicos de luz blanca, pero nunca acabó por decidirse a parar en la tienda para comprarlo.
Así son las cosas.
Y hoy no iba a ser diferente. O sí. Sí, hoy quería que fuera diferente, pero no porque ya estuviera hasta el moño de aquella luz, sino porque hoy cumplía 50 años.
50 años. Se quedó un rato mirándose en el espejo, mirando aquella cara ojerosa, con algunas arrugas, demasiadas ya para disimularlas con cremas y  bálsamos milagrosos, con unos ojos que le devolvían una mirada que ya no era desafiante ni curiosa. Esa no era la mirada que recordaba ver en sus ojos cuando cumplió 18 años y planificó cuidadosamente su vida, así, también frente a un espejo.
Claro que su vida ahora tampoco tenía nada que ver con la que aquella joven había soñado y planeado con más ilusión que sentido común; nada.
Cerró los ojos con fuerza con la ilusión de que, al abrirlos, la imagen que le devolviera el espejo fuera la de aquella joven llena de esperanzas y no la de esta mujer que estaba a punto de ahogarse en su propia realidad. Pero cuando los abrió de nuevo volvió a comprobar que los milagros sólo existen en los cuentos.
Salió lo más rápido que pudo. No quería seguir más tiempo ante aquél espejo ni bajo aquella puñetera bombilla amarillenta y mortecina. Hoy iba a darle un cambio a su vida y lo primero que iba a hacer es comprar un bombillo de luz blanca que, al menos, no aumentara el sentimiento de melancolía en el que se ahogaba cada día.

3 comentarios:

tercerolasvegas dijo...

Vaya y yo cumpliendo los 51 siento la necesidad de comprar esa potente bombilla ¿dónde comprarla Chamali?
Un beso, escribes con sentimientos cotidianos elevados al arte.

Jesús Chamali dijo...

¡Vaya, amiga, muchas gracias!

Séfora Malián dijo...

Has logrado emocionarme. Parece escrito para mi. Gracias Chamali.