lunes, 10 de febrero de 2014

David Girardon

Estatua Torrente Ballester, Café Novelty, Salamanca.

El cartel es escueto: Cafetería Casa Garbo, comidas caseras, (desde 1958). La decoración, desde luego, había cambiado poco desde esa época.
Muchos días me detengo frente a su cristalera y me quedo un rato mirando el local. Es como un ritual que no sé cómo abandonar o si realmente quiero hacerlo.
A veces entro y pido un café. Allí saben preparar un buen café.
No todo el mundo sabe. Hacerlo bien es casi un arte: hay que calibrar el molinillo para que tire la cantidad exacta de café molido en cada cazoletazo, y luego hay que saber cuándo parar la salida de agua para que el expreso tenga la medida exacta, el sabor perfecto y la textura ideal.
Todo un arte. 
Y en Cafetería Casa Garbo, comidas caseras, (desde 1958) lo dominaban a la perfección.
David Girardon, su dueño, le puso ese nombre en honor al famoso espía español que engañó a Hitler y fue crucial para el desembarco de Normandía. Según él, Garbo fue la persona que cambió el rumbo de la II Guerra mundial y la que propició la liberación de su país, y su padre, que estuvo en el maquis, se lo repetía siempre. A veces matamos las horas muertas, las suyas y las mías, hablando de viejos miedos y nuevas guerras.
¿O es tal vez al revés? No sé. Las cosas son tan parecidas y al tiempo tan distintas que hay momentos en los que la línea que las separa en mi mente es muy difusa.
Hoy me apetecía escuchar a David, con su acento francés que nunca ha perdido,  y disfrutar de ese excelente café que sólo él sabe preparar tan bien.
Fui a entrar en Cafetería Casa Garbo, comidas caseras, (desde 1958) pero hoy la puerta estaba cerrada. En vez del cartelón con el menú del día, un folio a ordenador señalaba que el local estaba cerrado por duelo y otro explicaba que el negocio se traspasaba por defunción del propietario y cocinero.
Me senté en el parque que está justo enfrente de la cafetería y estuve toda la tarde preguntándome si el nuevo propietario de  Cafetería Casa Garbo, comidas caseras, (desde 1958) sería uno de esos iluminados que entran con la piqueta en la mano, reformándolo todo para hacer algo tan nuevo y moderno que al final resulta idéntico al local de al lado o al de enfrente, o sería alguien con más criterio y respetaría el espíritu del local, agiornándolo pero manteniendo viva esa diferencia que lo hacía tan especial.
Y sobre todo me preguntaba una y otra vez si sabría hacer un café decente como el que preparaba David Girardon.

1 comentario:

Lou dijo...

Como siempre insuperable tu relato!!