miércoles, 5 de febrero de 2014

Panchi.


El mundo se va al carajo. Mire para donde mire, lea lo que lea, oiga lo que oiga, el fondo es siempre el mismo: crisis, hambrunas, desastres naturales, crímenes horrendos, abusos, paro, guerras, injusticias...
¡Vaya mierda!
Si hasta las publicaciones denominadas de ayuda se escriben últimamente con recetas que no paran de nombrar a la crisis. 
Ya no se escriben cosas como las de Dale Carnegie. No, ahora todo es "cómo enfrentarse a la crisis", "cómo encontrar trabajo en épocas de crisis" y cosas así. De manera que hasta en los títulos de esas publicaciones pretendidamente optimistas se cuela el mensaje de que la crisis lo gobierna todo.
La felicidad vital parece estar proscrita.
Sin embargo, cuando veo a mi gata, veo un ser feliz.
Ella lo tiene todo. Come, bebe, duerme calentita y ni se inmuta cuando, sentada junto a mi, ve en los noticiarios la ristra de calamidades que nos azotan. De hecho, cuando me ve despotricar como un energúmeno ante esta o aquella noticia, se gira majestuosamente, me mira con cierta burlona indiferencia en su cara y tras estirarse voluptuosamente se marcha muy erguida hacia otro lugar de la casa que sea igual de calentito  y esté más en paz. 
¡Por Dios, cómo envidio a mi gata!

(Publicado previamente en Plumas Hispanoamericanas)


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