sábado, 22 de marzo de 2014

Gilipollas in summo gradu.


A Damián le dijeron tantas veces en su infancia que tenía que luchar por ser perfecto que al final lo consiguió: es un perfecto gilipollas. Es un gilipollas de manual, vamos, de esos que apenas los empiezas a tratar te dices aquello de "vaya tío más gilipollas". Así es Damián.
Él no expresa opiniones: pontifica. Nada es relativo para él. Su mundo se divide entre conceptos ciertos o errados, entre sus conceptos y los del resto de las personas que no opinen como él.
Hay grandes poetas, pintores geniales, novelistas a tener en cuenta, obras maestras de la música o del teatro y hasta edificios cuyos arquitectos deberían estar en el Olimpo de los arquitectos según Damián, y luego están los otros, aquellos sobre los que cuando tú haces un comentario elogioso acerca de su obra literaria, pictórica, teatral o arquitectónica, él hace un mohín a medio camino entre el estupor y el horror, como si acabara de escuchar una blasfemia o ser testigo de un sacrilegio.
Nadie sabe más de política que Damián. Lo sabe todo de todas las ideologías. Es un crack. Eso sí, nunca vota. Le parece algo vulgar e inútil. Él está por encima de todo eso, aunque no tiene empacho de criticar luego a la opción política que salga, sea ésta la que sea.
Damián no trabaja. Él dice que es porque no ha tenido suerte y jamás ha encontrado un trabajo en el que supieran ver su valía. Nosotros, los que le sufrimos, pensamos que es precisamente por eso mismo, porque enseguida captan "su valía" por lo que, o no pasa las entrevistas de empleo, o si consigue uno, éste apenas le dura un par de meses con mucha suerte.
Hace unos meses Damián se sacó por internet la licencia de pastor de una iglesia evangélica reformista estadounidense, y abrió su propia capilla. Realmente no tiene feligreses, pero él dice que un título así viste mucho y apenas tiene ocasión te entrega una hermosa tarjeta en papel verjurado color vainilla con su nombre y su cargo, al tiempo que se le hincha el pecho y engola más aún la voz mientras te ofrece unos servicios que, en realidad, nadie quiere, ni creo que él sepa dar.
¿Se puede ser más gilipollas?

1 comentario:

David Najor Hernández Lorenzo dijo...

Míralo por el lado bueno, puede decir que domina un campo con maestría. Aún así, me queda la duda de la opinión que le merecería la imagen que devolviese el espejo.