martes, 14 de octubre de 2014

Recuerdos otoñales.


Hacía frío. De eso me acuerdo perfectamente.
De eso, y de cómo las luces en la calle parecían brillar más que nunca entre las gotas de aquella lluvia fina y tenaz que no había parado en toda la tarde.
Y del olor de las castañas asadas. De eso también me acuerdo como si lo estuviera oliendo en este mismo instante.
Aquellas castañas, pequeñas y calentitas, que nos comíamos bajo aquella luvia, paseando entre la gente y riéndonos al ver cómo se nos quedaban las manos tiznadas de carbón al pelarlas.
De lo que ya no me acuerdo es del sabor de tus besos. O del escalofrío que me producían tus manos recorriendo mi espalda bajo aquél abrigo de paño azul. De eso te juro que ya no me acuerdo.
Sin embargo, en los días como hoy, lluviosos y fríos, con las calles llenas de gente, paseando entre el aroma a castañas asadas, sigo buscándote, como al despiste, en los ojos de quien se va cruzando conmigo y detrás de cada esquina que doblo, como si fueras a salir de sopetón, con tus ojos brillantes entre la lluvia, con esa risa más cálida que las propias castañas asadas, cuyo olor me persigue y se me queda en la piel casi como un tatuaje odorífico.
Esas que nunca más he vuelto a probar.

2 comentarios:

Inma Flores dijo...

Buenos días Jesús. Tu relato me llevó también a recorrer el tiempo, encontrado unos gratos recuerdos... Gracias por compartirlos con tus lectores. Un abrazo.

Jesús Chamali dijo...

Gracias amiga. Un abrazo.