miércoles, 3 de diciembre de 2014

Caminando.


Y sigo en el camino aunque no quiera andar más.
Obligado a comprender a todos, condenado a no ser comprendido por nadie. Cargando una mochila que he llevado durante tanto tiempo, que ya es tan mía que sin ella no soy yo. 
Una mochila cada vez más vacía de sueños.
Una mochila cada vez más llena de esa tristeza que da la certeza del error irreparable, del fallo irremediable, que te acompañará durante toda tu vida como el sambenito de los condenados por blasfemia.
Y sigo andando aunque ya no pueda andar más.
Solo, conocedor de mí mismo.
¡Si al menos me pudiera mentir a mí...!
Camino y camino, traicionado por mis sueños, golpeado por una realidad que se yergue insultante ante mi cada vez que, ebrio de rabia, me miro al espejo.
Y sigo caminando...