martes, 16 de diciembre de 2014

Santa Claus llega a la ciudad.



"You better watch out
you better not cray.
Better no poud
I´m telling yoy why.
Santa Claus is coming to town..."


                 Camino sorteando a la gente que anda nerviosa de tienda en tienda, cruzando las calles con impaciencia sin esperar a que los semáforos se pongan en verde o a que el tráfico se detenga. Zombies que van cada vez con más bolsas en sus manos y menos ilusión en sus miradas, comprobando a cada momento lo que aún les queda que comprar de una lista que parece no parar de crecer como por arte de magia en la misma proporción en la que disminuye el saldo de la cuenta del banco o el de la tarjeta de crédito. Y mientras, Mariah Carey no para de cantar en mi cabeza una y otra vez Santa Claus is Coming to Town
               Cuando veo mi reflejo en un escaparate iluminado con cien guirnaldas de colores que parpadean sincopadamente me doy cuenta de cómo desentono en medio de este río de gente que se mueve  como si realmente tuvieran una misión importante que cumplir. Como si gastar a manos llenas un dinero que probablemente no tienen, para comprar cosas que probablemente no necesiten pero que, al parecer, hay que poseer si no se quiere perder comba y pasar de ser alguien cool a ser alguien con el que nadie cuente para nada. La ruina económica es preferible al ostracismo social para algunos. Las tiendas vomitan gente artificiosa y calor artificial.  Los árboles de Navidad son de mentira. La nieve que decora los escaparates son bolitas de corcho blanco. Hasta la sonrisa con que los dependientes te atienden es una especie de mueca tatuada en un rostro por demás sin expresión. Sólo los niños lo miran todo con ojos abiertos y sin cuestionarse para nada lo que a mi me tiene tan desasosegado. Para ellos la Navidad es aún ese tiempo casi mágico donde todo puede ocurrir de verdad. Y les importa un carajo si los árboles de Navidad son de mentirijillas, si las luces son de led o no, si la nieve es o no real o si los dependientes de las tiendas les sonríen o sólo les muestran una mueca casi sardónica en la cara. Para ellos, Santa Claus llega a la ciudad y eso hay que disfrutarlo. 

"He's making a list
And cheking it twice
Gonna find out Who's naughty and nice
Santa Claus is coming to town.

1 comentario:

Papus dijo...

Así es. Lo llevamos dentro porque así nos lo inocularon y cuesta mucho combatir esta fiebre del consumo, año tras año. La cura no es sencilla, ya que el carácter festivo y contagioso que las personas portamos en nuestros genes significa que la erradicación de esta enfermedad será una misión casi imposible de conseguir. Siempre nos quedará la disculpa de que se hace por los niños y esa es mi única justificación para sentirme infectado.