martes, 6 de enero de 2015

Cuento de una Navidad acabada.


Bueno, pues ya es 6 de enero. Los Reyes Magos ya han dejado sus regalos en los salones, debajo del árbol o junto a la representación del portal de Belén. Algunos ya están disfrutando del roscón de Reyes entre la ilusión de que les salga el Rey y el temor de que les toque la haba y sean los que costeen el roscón del año próximo.
En resumen: ya estamos de lleno en el 2015, el año en el que, según el desgobierno de España y el "hartonómico" de Canarias, seremos menos pobres, menos feos, menos gordos y hasta menos tontos. Porque, claro, para ser más ricos, más guapos, más delgados y más listos faltan aún un par de años por lo que insinúan. Pero ambos presidentes afirman que este será, sí que sí, el año del despegue económico. Y además lo hacen apoyándose en las predicciones de una cohorte de sesudos analistas económicos. Los mismos, por otra parte, que o ni olieron la tostada quemada de la crisis, o simplemente se dedicaron en cuerpo y alma a negar su evidencia los primeros años de la misma con los mismos argumentos estériles y vacuos que utilizan ahora para asegurar su final.
Ahora bien, y dicho lo anterior, si estos es así, ¿por qué yo no veo el cambio ni en mi ni en la gente de mi entorno?  
               
Hoy acaba oficialmente la Navidad, y con ella esa extraña tregua plagada de hipocresía, de falsa paz y falso amor, tan falsa como la nieve de la falsa pista de esquí que el alcalde de Las Palmas nos ha "regalado" o el falso hielo de la pista de patinaje que un centro comercial se empeña en colocar cada año en su terraza. Tan falsa como la mayoría de los abetos que han adornado nuestros salones o tan falsa como la alegría que imposta nuestras vidas estos días. A partir de hoy vuelve la normalidad, vuelven los problemas que no pudimos o no supimos resolver, vuelve ese jefe cabrón que nos putea a diario, vuelven -¡y cómo!- los números rojos en nuestras cuentas corrientes, las discusiones en la familia, y los equilibrios imposibles para llegar a fin de mes.
Y en este clima de pura y dura realidad, vuelven las mentiras que todos sabemos que nos cuentan, pero que en el fondo, y eso es lo que más me entristece, todos queremos oír porque, sin ellas, la realidad es demasiado fea y gris para soportarla. Así que, bienvenido, 2015, y que lo de la recuperación económica y los demás beneficios que nos aseguran que la acompañan, sea, por una vez, verdad.

1 comentario:

Jorge Muzam dijo...

El tono y la calidad narrativa siempre presentes en tu obra.

Un abrazo afectuoso, querido amigo, y mis deseos de que este sea un mejor año para ti y para todas las personas buenas de este mundo.