viernes, 16 de enero de 2015

La esencia final.


¿Y al final de la vida, qué es lo que quedará en esencia? Quizá algunas fotos desvaídas y un montón de recuerdos más desvaídos aún que esas mismas fotos.
Qué quedará, sino una serie de copas vacías. Unas de vino dulce y otras de la hiel más amarga. Puede que el pesar por alguna otra  que dejamos, queriendo o no, a medias.
Qué quedará, sino nuestra sombra alargada en un día de sol, la misma que nos pasamos persiguiendo todo el tiempo como si fuéramos un errático Peter Pan, temerosos de perderla a pesar de que sabemos que, hagamos lo que hagamos, nunca la alcanzaremos.
Qué quedará, sino el dulce sabor imaginario de los besos que nunca dimos y jamás recibimos, o el amargo sabor de las lágrimas que mojaron nuestros labios y los suyos.
Qué quedará, sino esa fría tumba abierta que espera, paciente y oscura, calmosa y segura, como añorado refugio, a su inquilino para que pueda olvidar. Y tal vez hasta descansar el espíritu de una vez por todas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

LAS COPAS QUE NO BEBIMOS PESAN MÁS QUE LA RESACA DE LAS BEBIDAS. SIEMPRE ES PEOR EL PESAR POR LO QUE NO HICIMOS QUE EL SENTIMIENTO DE CULPA POR LO QUE SÍ HICIMOS.
MUY BUENA REFLEXIÓN.

MANOLO PIÑÉS.