domingo, 15 de febrero de 2015

Los colores de mi infancia.


        Cuando yo era un niño ensimismado y fantasioso, el rojo aún era encarnado, el marrón sólo era canelo, al violeta lo llamábamos lilita, el blanco roto era simplemente color cremita claro, al color naranja le llamábamos calabaza y el magenta no era un color por entonces. Cuando yo era ese niño que observaba con los ojos bien abiertos el mundo de los mayores con el asombro del que mira una extraña obra de teatro, el color negro en la ropa era cosa de gente de luto o de gente deprimida y guardábamos la ropa más elegante y el calzado más nuevo y de más calidad para salir los domingos.
        Cuando yo era un niño con toda la vida por delante y con los sueños intactos, la vida era más sencilla.

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