viernes, 27 de marzo de 2015

Disfraces.

Autorretrato con Fernando de Regoyos en el Café de la Coupule, Montparnasse, de José M. Ucelay.
        Tuvo que aprenderlo todo; cómo combinar de manera adecuada la ropa, qué cubierto usar en cada ocasión, a elegir el vino que maridaba con cada plato, a saber en qué copa servirlo. Aprendió las mil generalidades precisas para poder mantener una conversación sobre literatura, pintura, música, política, historia o economía sin caer en el ridículo. Cogió la habilidad necesaria  para sentarse de manera calculadamente descuidada en cualquier terraza y resultar elegante tomando café en la calle. Hizo todo lo preciso para que nada ni nadie delatara sus orígenes, y haría cualquier cosa para evitar que pudieran asociarlo, aunque fuera de lejos, con su padre, casi analfabeto y campesino, o con su madre, analfabeta del todo y esclava de su condición. Pero por más que se esforzara, cada vez que se miraba al espejo sólo podía ver a un pobre patán asustado y disfrazado.

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