martes, 17 de marzo de 2015

Cinco metros.


     Cada tarde iba a la Biblioteca y se sentaba estratégicamente para verla llegar. Ella era de costumbres fijas, se sentaba siempre en el sillón blanco de la entrada. Él lo hacía en la silla acolchada que estaba a cinco metros de distancia. Él hace que lee y de vez en cuando consulta su móvil. Ella chatea y de vez en cuando finge que estudia. De esa guisa llevaban ya un año.
            Ella sabe que él la mira. Él no es tonto y hace tiempo que se dio cuenta de ello. Ambos saben que jamás reunirán el valor para recorrer esos cinco metros que les separan y hablarse. Mañana ella vendrá con ropa de verano. Ya empieza a hacer calor. Él, en cambio vendrá con el mismo corazón aterido y medio roto. Ambos volverán a verse, ella fingiendo estudiar mientras él simula chatear.

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