martes, 10 de marzo de 2015

El hombre y la luna.


        Tengo sueño. Sé que estoy viviendo momentos importantes, dicen que únicos en la historia, pero tengo mucho sueño. Y eso que es la primera vez que mis padres me dejan estar levantado hasta tan tarde. Por eso sé que algo importante va a ocurrir. Claro que no entiendo bien eso que dicen de un viaje a la Luna. Me parece una de esas historias que leo en los libros de aventuras. Como viajar al centro de la Tierra o vivir en un submarino fabuloso rodeado de animales terroríficos: algo apasionante que en el fondo me aterraba.
     En la tele ponen una de gánsteres. Cayo Largo. Dice mi hermana que es para mantenernos despiertos con tantos tiros y puñetazos. Me aburren los besos, me entretienen los tiroteos. La actriz que la protagoniza es tan guapa que logra que me olvide del sueño que tengo. Tiene los ojos más hermosos que he visto nunca. De repente cortan la película. Un tipo con un peinado imposible, de esos modernos, de los que se usan ahora y que habla como a empujones, empieza a comentar unas imágenes que a mí me parecen también de una película. Un astronauta baja por una escalera y se mueve a saltitos por un paisaje que no me parece para nada la Luna. Al menos no como yo la veía siempre.
       -¡Qué guapo es Jesús Hermida! Mira, se llama como tú...
      Mi hermana es tonta, pero eso ya lo sabía de antes. El locutor, al que parece que se le traba la cuerda cada vez que habla, repite una y otra vez que estamos siendo testigos de un hito en la historia humana, y que eso que veíamos eran los primeros pasos del hombre por la Luna. Yo no me lo creo. Corriendo bajo del sillón y me asomo a la ventana. Sí, la Luna sigue allí. Inmensa y redonda, blanca y brillante. Pero no veo ningún cohete ni a ningún hombre caminando en ella. ¡Qué de mentiras decían en la tele!
    -Venga, a la cama. Que mañana nos vamos al sur. ¡A Maspalomas! Verás que playa más grande. Pero hay que ir temprano, que se tardan horas en llegar.
       Miro a mi hermana con desconfianza. Después de que me mintieran en la tele con lo del hombre y la Luna, seguro que esa playa que decía no existía y todo era una treta para que me fuera a dormir sin terminar de ver la peli. Esa noche no soñé con playas inmensas ni con paseos lunares. Esa noche soñé con la actriz de la película. Hoy sé que ese fue el primer día en el que me enamoré y que ella se llamaba Lauren Bacall

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