martes, 24 de marzo de 2015

El primer jueves de cada mes.


       Esperaba impaciente a que llegara el primer jueves de cada mes para verla. Para ella era Don Alberto, un viajante de lencería fina que ese día le ocupaba toda la tarde y traía de regalo las mejores novedades de su catálogo. Para la dueña de la tienda de lencería era Don Alberto, un comerciante de provincias que venía a la ciudad el primer jueves de cada mes y se llevaba las novedades que hubieran llegado. Siempre en rojo. Siempre de la misma talla y marca. Para su vecina y casera era Don Alberto, un inquilino serio y callado que desaparecía el primer jueves de cada mes y que cuando se cruzaba con ella al llegar volvía oliendo a sexo y perfume caro de mujer. Para sus compañeros de dominó simplemente era Alberto, un tipo reservado, abstemio y tranquilo, que fallaba de las partidas todos los primeros jueves de cada mes sin dar ninguna explicación.
      Nadie supo nunca que en realidad se llamaba Carmelo y que su oficio era el de funerario.

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