miércoles, 4 de marzo de 2015

Poesía entre tuberías.

    

        Trabaja de fontanero y lleva años escribiendo un poema en su mente. Lo escribe una y otra vez pero siempre en su cabeza y sólo para él. Es, sin duda, un onanista de la poesía.
      Acude a todas las presentaciones de libros de poesía, a todos los seminarios, a todos los talleres de escritura que se hacen en su ciudad. Siempre va vestido igual: vaqueros gastados, camiseta de Pulp Fiction y unas playeras de tela. Siempre azules. Casi siempre manchadas. Se sienta en la quinta fila y pegado a una esquina y mientras espera a que comience el acto va recitando una y otra vez su poema. Siempre es el mismo pero nunca es igual. Cada vez que lo repite ve un pequeño error, una palabra que no encaja del todo, un verso suelto que ahora le parece demasiado suelto y lo cambia. De nuevo. A veces la fuerza de su poema es tanta que no puede concentrarse en nada que no sea eso y se marcha apresuradamente. 
        Jamás lo volcará en papel, jamás lo publicará, porque jamás será, al menos para él, una obra perfecta. Pero mientras tanto, al mismo tiempo que desatasca lavabos o instala duchas, sigue rehaciendo ese poema imposible una y otra vez. A pesar de saber que jamás, pero jamás, verá su nombre escrito en la portada de un libro.

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