viernes, 20 de marzo de 2015

Tablas.


          Te miro en silencio y sé que jamás lograré ser uno de los tuyos. Sé que ese muro, invisible e infranqueable, estará siempre ahí, separándonos a mi de los tuyos a la distancia adecuada para que no sea muy evidente, pero también a la precisa para que no tengan que mezclarse conmigo. Es una frontera sutil, sí, pero frontera al fin y al cabo.  Y sé que jamás me dirán el santo y seña que me permita pasar al otro lado.
       Siempre te digo  que no me importa. Hasta pongo cara de suficiencia y hastío cuando siento que ellos, resguardados detrás de la seguridad que brinda el grupo, me observan con disimulo. Pero no es verdad. En esos momentos, tan sólo, tan lejos -y a la vez tan cerca- de tu paraíso, vuelvo a sentirme como el niño callado y acomplejado que fui.
       Nunca seré uno de los tuyos. Pero ellos tampoco serán jamás parte de mi.
        Así que  acabamos en tablas.

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