viernes, 13 de marzo de 2015

Waking up.


       Me levanto de la cama arrastrando tras de mi los restos del naufragio nocturno: el dolor incesante, los sentimientos y los miedos, siempre en lucha, siempre arrasándome el alma, y todo el sueño del mundo acumulado en mis ojos. Me miro en el espejo del baño mientras el agua, helada, corre desagüe abajo más libre que yo. Trato de reconocerme en el rostro abotargado y gris que me observa con esa mirada triste de perrito apaleado. La borro de inmediato con este agua tan fría.
       ¡Cuánto falta aún para el verano, por Dios!
      Abro el cajón de mi alma donde guardo las máscaras que me permiten ser yo sin ser yo. Rebusco hasta encontrar una que me apetezca lucir hoy. Esta. Esta misma me vale. Sé que a los demás también les gustará vérmela.
       Preparo el café.
       Comienza la función. 

1 comentario:

tercerolasvegas dijo...

Las máscaras forman parte de nuestro existir, no siempre podemos arrastrar la que nos ha tocado, muchas veces sin elegirla, así al menos, se no hace más fácil el matutino despertar.