viernes, 6 de marzo de 2015

WhatsApp


          Aprovechaba que su marido iba a la ducha para cogerle el teléfono y mirar su lista de contactos de WhatsApp. Cuidadosamente pasaba uno a uno los nombres y las fotos y se detenía en las frases que las acompañaban. Para ella era como entrar en las vidas y en las mentes de aquellos rostros que, de tanto verlos tan a menudo, ya le parecía conocer de toda la vida. Aunque lo cierto era que a la inmensa mayoría de ellos, compañeros de trabajo de su marido, antiguos y nuevos amigos, clientes y proveedores y, sospechaba ella, alguna que otra antigua novia, no los había visto en persona jamás. 
     Ese era para ella el mejor momento del día. Pasaba cuidadosamente los contactos comprobando los que habían cambiado la foto del perfil o la frase del mismo. Esas frases eran para ella como un microrrelato. Algunas eran tan sugerentes que las anotaba en un pequeño bloc de tapas rojas y luego, a lo largo del día, se entretenía inventando una historia con ellas. Tenía decenas de libretas con esas historias. De vez en cuando huía de su soledad releyéndolas e imaginándose que, en realidad, estaba leyendo una novela escrita por algún famoso escritor en vez de las historias que ella misma había escrito. Oyó cerrar el agua de la ducha. Pronto saldría del baño, así que apuró las anotaciones en su libreta y devolvió el móvil donde él lo había dejado. El café empezó a subir en la cafetera, pitando y llenando toda la casa con su aroma. Tenía que apurarse, a él le gustaba desayunar apenas salía de la ducha y las tostadas estaban tardando ya en salir.

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