miércoles, 22 de abril de 2015

Croquetas.


              Los domingos eran especiales en su casa. Su madre preparaba ese día montones de croquetas, siempre de pollo. Sus hermanos venían con sus novias a almorzar los domingos. Él era el único que iba siempre solo. Incluso cuando los demás se fueron casando y empezaron a llegar sobrinas y sobrinos, seguía acudiendo solo. Sabía que era el centro de las bromas de toda la familia y la comidilla de los comentarios mal intencionados, pero a él le daba igual.  Para él, esas croquetas, contenían todo el sabor de su infancia y nada iba a impedirle disfrutar de ellas, ni siquiera las burlas. Hace tiempo que es el único que se acerca los domingos para seguir almorzando croquetas. Ya no saben igual, pero para él siguen manteniendo el sabor vivo de los recuerdos. Aunque se las coma sentado a solas junto a la lápida de su madre.

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