domingo, 5 de abril de 2015

Desayunos.


Desayuna a diario en la terraza de un Centro Comercial. Siempre pide lo mismo: café cortado, un croissant con mermelada de fresa y un zumo de naranja. Realmente le gusta más el café sólo, prefiere las tostadas con mantequilla y no soporta el zumo de naranja; le da acidez. Pero él no va allí por el desayuno sino por la camarera que lo atiende. Fue ella la que le ofreció  ese menú el primer día y él se vio incapaz de decirle que no después de ver su sonrisa. Desde entonces acude a diario y cada vez que ella, sonriendo, le pregunta "¿Lo de siempre?", él asiente con otra sonrisa mientras sus jugos gástricos se ponen a protestar anticipadamente.
El amor, a veces, precisa de una dosis de omeprazol.

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