viernes, 10 de abril de 2015

Dormir, tal vez soñar.



         Tu día está lleno de montañas de informes y agobios, gente a la que no quieres ver pero que debes ver, llamadas de teléfono, compañeros de oficio, llamadas de teléfono, informes, llamadas de teléfono, reuniones aburridas e interminables, llamadas de teléfono...
        Comes sólo mirando a otros zombis como tú mismo que leen un periódico para engullir su almuerzo sin notar más de la cuenta su soledad. Ves las mismas caras cada día aunque cambies de restaurante. O tal vez sea una misma obra  de teatro la que ves cada día, que de tan repetida, aunque cambien los actores, ya ni les distingues las caras. Y después de comer comienza de nuevo el tour de la tarde: más gente con sus penas y miserias, más llamadas de teléfonos, más expedientes, más de todo.  ¿Cuántas van ya, diez horas, once si le sumas la del almuerzo? Da las gracias: hoy no es uno de los días más largos. Pero cuando paladeas notas un sabor amargo en la boca, y cuando has ido al baño a lavarte la cara, te costó reconocer a ese señor demacrado que te miraba desde el espejo como pidiéndote ayuda. De hecho, por unos instantes, hasta creíste que era un cliente extraviado y a punto estuviste de decirle dónde estaba la zona de atención al cliente. Fue cuando te diste cuenta de que estabas mal. Muy cansado. Con el cansancio sumado de tantos años, de tantos clientes, de tantos expedientes, de tantos zombis comiendo solos en un bar, de tantas llamadas telefónicas... Y decidiste que ya era hora de dormir y, tal vez, hasta soñar. Pero cuando llegas a tu casa, tú, el gran charlatán, el rey del ingenio y la agudeza; tú, que eres capaz de sacar punta a todo y hacer que un muerto se ría de su propia esquela; tú, llegas mudo. Hasta un monosílabo se te antoja un discurso de Fidel Castro.
         Sólo quieres silencio. Sólo quieres que ese teléfono deje de sonar, dejar de ver esas caras, dejar de oír esas historias, distintas y repetidas, relato completo de las miserias del ser humano. Y te repites una y otra vez: sólo quiero dormir, tal vez soñar, mientras caes rendido en el sofá que será tu cama esta noche también.